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Especial para la revista Túnel/ LA ALEGRÍA DEL FÚTBOL

Nadie ríe tanto y tan seguido y con tanta risa como Fabiana Manzolillo (Montevideo, 8/6/1970), la entrenadora más laureada del fútbol de mujeres uruguayo. (Imágenes de Fernando Morán)

Javier Conde @futbolella / @jconde64

Uno siente que la risa con todos los dientes de Fabiana Manzolillo llega antes que ella. Parece tener vida propia, anda a su aire. Honda, franca, contagiosa.

“Me decían que no me riera así”, dice y ríe. “Y porqué no me voy a reír así, si me sale así”. Y vuelve a reir.

No se prohíbe nada de lo que le mande el cuerpo. Como no se prohibió, muy chiquilina, arrancarle la cabeza a las muñecas y patearlas con la manada de primos que se juntaban en la casa de la abuela María en Trinidad

Hija única, criada por su madre, Marta, que le dio todo lo que pudo, menos esa forma de reírse. “Mi mamá dice que es de mi padre”.

Milton, el progenitor ausente, que volvió cuando ella tenía 24 años y “quiso ser mi padre y no pudo”. Fue otra cosa que no permitió pero la genética, muerta de la risa, hizo su trabajo. “¿Cómo aprendí a reírme de la misma manera?”, no lo sé…nunca viví con él”.

Pero no hay que llamarse a engaño con Fabiana Manzolillo. Ríe pero manda, sigue riendo pero corrige, ajusta, quiere equipos esbeltos, comprometidos, rigurosos, que corran 95 minutos para que el oxígeno fluya al cerebro y aparezcan los espacios y el fútbol.

“En todos los equipos donde voy, se trabaja lo físico, con la profe, porque sin eso no llegas a lo táctico y el pase te sale para otro lado”.

Una convicción que le ha dado dividendos. Dos veces campeona Sub18 de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), otro par en la primera con Colón y en 2019 sumó, invicta, el título de la segunda con Defensor, que hizo su debut en el fútbol femenino y de qué manera.

Además, ha dirigido a todas las selecciones femeninas: la Sub17, la Sub20 y la mayor. Aunque ahí tiene un asunto pendiente, un anhelo. “Tengo el sueño de llevar a Uruguay a un mundial”.

La celeste sí ha estado en mundiales. Solo en la categoría menor, la de chicas no mayores de 17, en Azerbaiyán (2012) y Uruguay (2018), dirigida por Graciela Rebollo y Ariel Longo.

Pero estar en el grande, ante la mirada cada vez más atenta del mundo, sería tocar el cielo con los dedos. O con los pies.

1120 millones de personas se conectaron a la transmisión oficial del último Mundial femenino Francia2019, según datos de Fifa.com. Hasta allá quiere llevar su risa Fabiana Manzolillo.

LO CAMBIA Y LO MEJORA

“Ella respira fútbol. Todo el tiempo está pensando en hacerlo mejor, tirando ideas. Tiene el profesionalismo metido en la cabeza”.

Ana Gómez Ferreira es uno de los nuevos nombres del fútbol femenino uruguayo que se destaca más allá de las líneas de cal. Como Alexandra Mazurkiewicz –sí, la hija del célebre golero– en Peñarol, y Graciela Rebollo, en Liverpool. Y no son las únicas.

Gerente del proyecto femenino de Defensor, Gómez se trajo a Manzolillo para liderar al novel equipo violeta. Habían coincidido antes en River Plate, por lo que la apuesta parecía segura, como así ha resultado.

“Vos le decís algo y ella te dice que no, no, no, pero enseguida lo piensa, lo cambia y lo mejora. Y eso para mí es una gran condición”.

Con Manzolillo hay que andar muy fino, la que no viene a los entrenamientos ve el próximo partido desde la banca.

“Hacia fines de año puede venir una jugadora y le dice ‘Fabi, tengo tal examen y no voy a entrenar’ y ella le responde ‘organízate mejor, porque cuando planificaste la rutina sabías que tenías que estudiar y practicar, capaz que tengas que suprimir otra cosa’”.

Nada de hacerse la vista gorda, precisa Gómez, con aquella jugadora que anda mejor. “Ella logra un respeto profesional, las futbolistas saben que va a sacar lo mejor de cada una”.

Gómez, que apenas rebasa la treintena de años, es una prueba más de que el profesionalismo está penetrando por las rendijas aún estrechas del fútbol femenino. A punto de sacar su licenciatura en Administración, esta exjugadora cursó Gerencia Deportiva en la Universidad de Leipzig ITK en Alemania.

“¿Lo que más me gusta de ella?, que mira todo tipo de partido, que lo analiza, que sabe en cuál equipo juega tal jugadora, que advierte a quién que hay que mirar. Sí, eso me gusta mucho”.

TIRAR UNA PELOTITA

Fabiana Manzolillo tiene una segunda vida.

Y aunque no falta el balón –de hecho, el balón es imprescindible– lo que hace va más allá de la competencia deportiva, de los goles y de los títulos.

Como educadora social del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU), cumple su carga horaria en una zona de alta vulnerabilidad social. “Hay mucha historia dura, venta de drogas, apoderamiento de territorios, quién vende más, quién vende menos…”.

Nacida en Montevideo, a los tres años sus padres se mudan a Trinidad, luego se separan y el dinero empieza a escasear. Con la ayuda de su tía Blanca Ramos –“me ensenó de todo, a cocinar, a lavarme la túnica”– sacó la primaria pero su mamá decidió regresar a la capital para “ganar más, darme una educación y cubrir las necesidades básicas”. El padre, y lo subraya, nunca pasó un peso.

Esa vocación social que siguió se parece a ella en el sentido de que está alejada de lo formal. Su labor educadora se cumple después de las horas de clase, en centros juveniles a los que asisten niños y adolescentes que aprenden a ser un ser social, en el caso de ella en el Centro Tacurú de los Salesianos, en la avenida de Las Instrucciones.

“Solidaridad, trabajo en equipo, compromiso, puntualidad, en fin hábitos para la vida, eso es lo que siempre se transmite”.

Manzolillo trabaja con un grupo de 15 chicas de 16 años o menos que compiten en ligas intercolegiales. “Un equipo de fútbol es una escuela a la que hay que llegar temprano, ser respetuoso, solidario”.

Seis jóvenes de Tacurú integran la categoría Sub19 de Defensor. “Hay un cambio en sus vidas, llegan solas y luego aparece un padre que te dice ‘qué bien que mi niña esté acá, las cosas que aprendió, su conducta es otra, va mejor en la escuela’”.

La pelota también cambió la vida de Manzolillo. De muy pequeña pasaba las vacaciones en casa de la abuela en Trinidad con ese montón de primos porque su mamá es una entre una docena de hermanos.

“Hicimos una canchita y jugábamos fútbol todo el día y cada vez fui amando más esto de lo pelotita”, recuerda.

Cuando empezó a trabajar en el INAU, 25 años atrás, mientras participaba en un taller de recreación de lo que casi nada sabía, la memoria de aquellas mañanas y tardes peloteando vino en su auxilio.

“Tiré una pelota para ver qué pasaba y me di cuenta muy pronto de lo importante que podía llegar a ser el deporte”.

Había tiempo libre y se puso a jugar al fútbol con chicas y chicos y éstos la miraban y le decían “vos sos mujer” y ella le respondía “y eso qué tiene que ver”.

Manzolillo descubrió en aquella actividad que surgió de improviso una herramienta para la integración y el cambio de conductas. Nunca ha dejado de usarla.

En el año 2002 el director del INAU le propuso hacer un equipo para el cual trajeron chicas del interior del país y con ese equipo logró sus primeros campeonatos en la Sub18 de AUF. Y entonces la citaron para un torneo clasificatorio al mundial con la categoría Sub19 (luego denominada Sub20), en la que fungió de asistente del técnico Juan Carlos Duarte.

Era ya entrenadora, graduada en el Instituto Superior de Educación Física (ISEF), tras haber jugado cinco años en la liga femenina desde su primer campeonato, con Central Español, River Plate y otra vez Central. “Era una jugadora de medio pelo”, suelta, y ahí está la risa.

PELEAR, SIEMPRE

“Fabiana es una referente en el fútbol femenino”.

Juliana Castro, Juli, es la máxima goleadora de la historia del fútbol de mujeres uruguayo en los campeonatos organizados por AUF. Ya ronda los 300, que ahora, con la 7 a la espalda, brinda a los colores de Nacional. Es, también, la hermana de Gonzalo Castro, el Chory Castro.

Antes de que fuera Juliana Castro, en palabras mayores de goleadora, jugó en los equipos de INAU que armó Manzolillo. Fue una de las chicas que vinieron del interior a reforzar el grupo de adolescentes reclutado por la DT.

Allí coincidieron también Sindy Ramírez, actual jugadora de San Lorenzo de Almagro, y Florencia Vicente, en Peñarol y capitana.

Es una gran entrenadora y persona”, confía Juliana. “Estuve en sus equipos y siempre me remarcó cosas, formándome”.

Después del INAU, se volvieron a ver en River Plate y en selecciones. “Se fija en cada detalle del rival, conoce muchísimo el fútbol femenino, en el país y afuera”.

Juliana la define seria y comprometida, con facilidad para hacer grupo y exigente. “Siempre te pide que perseveres, que hay que pelear por lo que uno quiere”.

TANTAS FABIANAS

“El fútbol femenino no existe en Uruguay”, sostiene Fabiana, que lo suelta como si nada mientras se toma despacio un cafecito en La Mostaza, del Centro Comercial de Tres Cruces. “Hacemos una encuesta aquí y nadie sabe nada de eso que juegan las mujeres”.

La frase, potente y cuestionadora, como ella, surge cuando saca la cuenta de que entre los 10 equipos que jugarán en primera en el torneo 2020 solo dirigirán dos mujeres: Rebollo y ella.

“Es que cuando sos niña te regalan una muñequita para que te prepares para ser mamá, y al varón le regalan una pelotita, ya te están marcando: esto para vos, esto no”.

Una Fabiana más, ¿cuántas hay en un solo cuerpo? Esta es la que recuerda como cortaba cabezas a las infortunadas muñecas de su niñez. “La prueba es que no tengo hijos» –ríe–, «ni voy a tenerlos», –ríe más.

¿Y amores, hubo? Ha habido, no en este momento”, y otra risotada. Nunca pensó en celebrar los 15 años “y nunca pensé tampoco en casarme de blanco…ni de negro, esas construcciones que te impone la sociedad. Para mí nunca fue así”.

Divertida y estricta, comprometida y contestaria. También obsesiva. Muchas fabianas en una sola. Y quizás ese rasgo obsesivo la hizo alejarse un tiempo del fútbol femenino de AUF después de salir de River Plate, cuando “di un paso al costado, porque no me sentía cómoda y cuando eso pasa, atiendo a mi salud mental”.

Pero ahora está de vuelta, y en primera, con un proyecto inmaculado, que aún no sabe lo que es perder después de la veintena de partidos de la temporada 2019.

“Yo soy mucho de estar analizándome, todo el tiempo, salgo de una práctica y digo dónde podíamos haber metido más el ojo, en qué me equivoqué, en qué no y todo eso genera que un día quieres calma y quieres dejar de pensar y solo disfrutar”.

Defensor la trajo de vuelta. Obligados los equipos profesionales (de varones) desde el año pasado a tener equipos femeninos en primera y juvenil porque de lo contrario se quedarían fuera de los torneos sudamericanos de Conmebol, aún cuando tuvieran el cupo,  el equipo violeta se metió, al fin, pero no solo para cumplir.

Muchos clubes a lo largo y ancho de Sudamérica sacaron equipos, solos o en asociación con instituciones que ya tenían recorrido en el fútbol femenino. Defensor más que un equipo, armó un proyecto.

Con esta entrenadora de recorrido y carácter, una gerente que va de la oficina/al campo/a la oficina, y las condiciones mínimas para que las chicas se sientan, poco a poco, profesionales del fútbol. Aunque el dinero tarde en aparecer.

En Colón, River Plate y ahora en Defensor, Manzolillo ha sido una profesional remunerada, lo que no ocurre aún para todos los entrenadores de la primera femenina. Para las chicas, mucho menos.

 “Si yo dejo el INAU no puedo vivir con el sueldo del fútbol, que es bajo” pero, en todo caso, si tuviera que elegir entre uno y otro, siempre optaría, enfatiza, por ese trabajo social y educativo que la relaciona con el Uruguay profundo, humilde, sufrido. Nunca, en cualquier caso, sin la pelota.

LE IBA A IR BIEN

 “Con Fabiana no fue un adiós, sino un hasta luego”.

Paulo Chaves es el presidente del femenino de Colón. Y Colón  ha sido  la cantera más prolífica de jugadoras del país, quizás superada en tiempos recientes por el tesonero trabajo de Liverpool.

Colón fue campeón entre 2013 y 2016, dos de ellas conducido por Manzolillo.

La pequeña historia entre la entrenadora y el cuadro rojiverde empezó –lo cuenta Chaves, y lo reitera ella– en un partido contra Salus que marchaba en el fondo de la tabla y Colón que estaba puntero o casi.

“Nos ganaron un juego imposible, 1-0 en el Suero, que lo recuerdo como si lo estuviera viendo hoy”.

Después del partido, Chaves se le acercó y le dijo “te voy a traer a Colón”.

Fabiana cuenta que en el camerino instruyó a sus chicas para no pasar de la mitad de la cancha “porque nos iban a llenar de goles”. Así que defensa y más defensa y a esperar una oportunidad. Las de Colón tuvieron siempre el balón pero no había fisuras en Salus, que resistía contra pronóstico.

En una ocasional contra, Laura Odriozola, que ahora juega para Defensor, alcanzó una pelota en largo, se mete por una esquina del área y tira un centro “a nadie, porque nadie llegaba” pero una jugadora de Colón metió la mano y penal.

Y así fue que Manzolillo, con aquella victoria en el bolsillo, apareció en Colón y fue a la Libertadores, otro torneo más en su curriculum.

“A mi entender es la mejor entrenadora del femenino, gran capacidad de trabajo, muy estudiosa del rival”.

Después del torneo de clubes de Conmebol de Colombia, Manzolilllo dio otro paso al costado.

Pero aquel equipo de Colón la marcó a nivel local. Estaban, entre otras, Yamilla Badell (Racing de Santander de España), Pamela González (Málaga, también de España), Cecilia Domeniguini, Agustina Arambulo, Lorena González.

“Le decías a las chicas vamos a hacer esto y las chicas iban de cabeza, cero cuestionamiento, entendían el juego y eso no me ha vuelto a pasar en ningún equipo”, recuerda la DT.

Chaves lo subraya. “Sus jugadoras iban a muerte…yo sabía que le iba a ir bien”.

¿Cuán determinante es el entrenador en un equipo?

Dirigen los entrenamientos, arman esquemas, dan instrucciones, meten los cambios pero, en la chiquita, son las jugadoras las que resuelven, o no.

“Una manda las indicaciones pero a veces la chica no te sabe responder”, apunta. En el fútbol femenino, que se alista para su 25 temporada, son frecuentes, aún, las desatenciones.

Pero, insisto, ¿corrigen los entrenadores lo qué van viendo?

“A mí me pasa, dicen que sí, sí, y lo luego lo hacen mal”, confía Fabiana, que atribuye las carencias a la falta de aprendizaje en edades tempranas y luego completar el proceso. “Hay que darle tiempo al trabajo de base”, reflexiona.

Siente que la obligatoriedad de contratar entrenadores recibidos va a una producir un cambio “aunque no sea una garantía, pero se sabe que la persona pasó por algunas instancias formativas, que tuvo que entrenar algo”.

De la jugadora uruguaya destaca esa misma garra que exhiben los hombres, de no rendirse nunca, y la buena técnica.

En las carencias, coloca de primera la preparación física, a la cual siempre le pone un ojo, incluso los dos. Hace un inciso para recordar a alguien especial para ella: la profe Alicia López, — “también fue una muy buena jugadora, de selección”, acota —a la que buscó para trabajar en Defensor pero no fue posible.

“Es la mejor, nos mirábamos y ya sabíamos en lo que estábamos pensando”.

Mirar es lo que más hace Fabiana, después de reir. En 2019, cuando arrancó el proyecto de Defensor recibió a un centenar de aspirantes a entrar en el equipo. Este diciembre y enero, en dos tandas, repitió el proceso para este equipo campeón de segunda que desde marzo estará compitiendo en la primera.

“Cuidado y damos la sorpresa”, advierte, aunque de inmediato, con los pies en la tierra, sabe que se trata este año de preservar la categoría y de“ ir pasito a pasito”.

Y ¿qué es lo que mira Fabiana? Las pasadas de peso, por ejemplo, parten en desventaja. “No quiero perder el tiempo en eso, les digo que no pueden llegar muertas físicamente, que tienen que entrenar antes si quieren jugar”.

El ojo alistado de esta DT detecta muy pronto a las potenciales jugadoras y les hace seguimiento visual. “Si enfrenta a la portera y falla el gol, la sigo mirando. Me interesa el manejo de la frustración porque errores tendremos, bajar los brazos nunca”.

Con casi dos meses por delante para el inicio de esa vigésimo quinta temporada del fútbol femenino uruguayo –dominado los últimos tres años por Peñarol, los primeros títulos de las carboneras– la irrupción de Defensor es vista con expectativa.

Un nombre de lustre el de Defensor, cuatro veces campeón en el masculino, para un fútbol que crece en número de jugadoras y equipos, aunque no lo que debería en seguimiento mediático y asistencia a las canchas.

El fútbol que me gusta es el de equipos intensos, equilibrados, de transiciones rápidas, triangulaciones, que miran al arco rival. Eso sería mi ideal, pero tengo que contar con las jugadoras para hacerlo”.

Y en eso anda Manzolillo, que mira desde unas gafas de sol sin perder detalle. Solo ella sabe lo que mira. A lo que luego dará mil vueltas. “No descansa nunca, va a ir por el objetivo”, remata, confiada su gerente.  Y también ríe.

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