Press "Enter" to skip to content

Fútbol femenino y más/ MUJER DE LEY

ESPECIAL REVISTA TÚNEL. No lleva la cuenta de las rojas que ha sacado, ni mucho menos recuerda la primera. Tu me echaste, le han dicho más de un vez. No atosiga neuronas con inventarios. Porque Claudia Inés Umpiérrez Rodríguez, natural del barrio de Capurro, en Montevideo, 36 años, árbitra internacional, vive sin coleccionar penas (Imágnes fifa.com)

Javier Conde @futbolella / @jconde64

Lo que sí debe tener Claudia Umpiérrez en un círculo, quizás rojo, es el 7 de junio de 2019.

Son las nueve de la noche. Hay 45 mil personas en el Parque de los Príncipes, el majestuoso estadio parisino cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XIX, y esta esbelta mujer, impecable, de botines, short  y medias negras, camiseta roja, el pelo largo recogido, va a dar en unos segundos el pitazo de su vida, el que pondrá en movimiento el balón en el octavo mundial de fútbol femenino.

Ya cuatro años antes en Winnipeg, Canadá, dirigió en su primer partido mundialista a Estados Unidos, la gran potencia del fútbol femenino, contra Australia. Pero este viernes, en el que se enfrentan el anfitrión Francia y  Corea del Sur, lo supera todo.

“Por la repercusión que tenía, abrir un torneo, la visibilidad, uno de los partidos mas vistos en la historia de los mundiales, no solo en la cancha, sino en  la audiencia televisiva (más de 20 millones, según recopiló para FIFA la firma Publicis Sports and Entertainment (PSE), y que era la primera vez que se usaba el VAR en un torneo femenino, eran muchos cosas importantes y…por suerte salió todo muy bien”, me dice mientras camina apresurada hacia su oficina en el Banco de Seguros.

Por suerte…¿Tendrá eso algo que ver con Cladia Umpiérrez?  ¿Con su trayectoria como árbitra? ¿O es por el contrario la consecuencia lógica de perseverar, de no desistir?

Gabriel Rolón, —psicólogo, psicoanalista, escritor, músico, actor, y argentino—, a quien lee con avidez, porque Claudia pasa de las series y de la televisión, sustituye suerte por azar, palabra rotunda que, dice él, casada con libertad forma “esa extraña mezcla que es la vida”. 

El azar se cuela por las grietas para abrir o cerrar puertas. Y a Claudia Umpiérrez le tiraron unas cuantas en las narices. Una, que ahora es anécdota, la golpeó con esa violencia, maciza, del desprecio cuando una docena de años atrás buscó el promedio de su actuación arbitral, con la pretensión de subir de categoría.

“Quedaste de 33”, le soltó paladeando cada palabra un miembro ya sin nombre del Colegio de Árbitros. No le cuadraban las cuentas, dudó. “¿Cómo puede ser, somos 31”?, atinó a preguntar, “Dejamos dos lugares vacíos por si aparece alguien más…es que sos tan mala”.

Una  puerta se cierra, salvaje y cruel, y otra se abre, ahora mismo, bajo una vibrante noche parisina. El azar en todo su esplendor que sale por el túnel que conduce al verde impoluto del Parque de los Príncipes.

Cuatro mujeres decididas se encaminan al centro del campo: a la derecha otra uruguaya, Luciana Mascaraña, asistente; en el extremo opuesto, la ecuatoriana Mónica Amboya, la otra asistente, y a la derecha de esta, la más bajita, Melissa Borjas, hondureña, la cuarta árbitra; y completando el centro, Claudia, erguida, con la mirada al frente hacia ese horizonte verde que remata la algarabía de las gradas.

Solo los del VAR son hombres, en el campo puras mujeres. El fútbol femenino cada vez tiene más rostro de mujer.

Claudia estrena pito. Tiene otros dos. Uno con el que hizo el curso de árbitros en 2003. “Ya no lo uso”, asienta. “Lo tengo guardado”, completa, como corresponde a ese instrumento que ha sido una extensión de su cuerpo por campos agrestes en el terreno y fuera, que le permitió pitido tras pitido hacerse un lugar en el arbitraje uruguayo.

Uno más es también especial. “Me lo regaló Martín Vázquez (árbitro internacional uruguayo) cuando se retiró”. El que se compró para esta ocasión solemne, soñada, de este viernes 7 de junio, es similar al de Vázquez

Quizás, intuyo, el soplido –o soplidos–  más vigoroso fue el que marcó la conclusión del partido, en el que las francesas, con pinta de favoritas, aunque se quedarán cortas, derrotaron a Corea del Sur 4-0.

Labor cumplida, incluido en los minutos finales el primer VAR en un Mundial femenino para dilucidar un fuera de juego.

La árbitra internacional uruguaya completó su formación para el uso del Videoarbitraje en Doha, Qatar, en la última semana de marzo de 2019, al integrar un grupo de 90 colegiadas que participaron en un torneo especial organizado por la Liga Amateur de Qatar, junto con un seminario que incluyó ejercicios prácticos con jugadores, clases teóricas y actividades físicas.

De la capital catarí salió convencida de que el VAR, más que una presión, es un seguro. “Yo sentía que contaba con un respaldo en el caso de que cometiera un grave error”.

La tecnología venía en ayuda del arbitraje moderno, sin maniatar porque “tenía que que seguir siendo la misma árbitra de antes” pero con la ventaja de que ante una apreciación equivocada, “tienes esa segunda oportunidad para ver lo que decidiste y corregirlo”.

No hubo nada que corregir en el partido inaugural del Mundial francés y del VAR en un mundial de mujeres.

“El vestuario después del partido fue precioso, no paraba de entrar gente, vino (Gianni, presidente de FIFA)) Infantino, fue un momento de felicidad. Después hubo tiempo para el análisis de jugadas concretas pero lo importante fue que el partido salió bien. Todos contentos…y nosotras más”.

“QUEDA UN POCO DE CUERDA”

Antes del apogeo de su carrera, Claudia Umpiérrez sopesó dejar el arbitraje, una pasión que le nació cuando tenía tan solo 16 años.

 “Hubo muchos momentos a lo largo de la carera que pensé en el retiro, por distintas circunstancias; incluso previo al Mundial también lo había pensado, pero luego surgió la posibilidad del Mundial de Brasil y lo reconsideré. Siento que me queda un poco de cuerda y por el momento no tengo pensado en retirarme”.

El Mundial de Brasil al que se refiere fue el de la categoría Sub17, que se realizó entre el 26 de octubre y el 17 de noviembre de 2019. Y tuvo una particularidad que lo hace distinto a los otros dos mundiales en los que ha pitado: es de hombres.

Junto otra vez a Mascaraña y Amboyo, es el primer trío arbitral femenino en un mundial masculino.

En un ámbito de hombres, por décadas hermético, ella vuelve a abrir caminos.  “Son esos momentos en que uno siente que tanto esfuerzo valió la pena porque a lo largo de una carrera no todo es color de rosa”, consignó ella para una nota en fifa.com.

Claudia Umpiérrez nació el 6 de enero de 1983, hija de Julio Umpiérrez, militar retirado, y Margarita Rodríguez, ama de casa. Su abuelo materno, Ángel, fue árbitro, y su padre entrenador en Fénix y Bella Vista y ella, su gran compañía en interminables jornadas de fútbol que proseguían en la sobremesa casera.

Había llegado a este mundo ese jueves 6 de enero, día de Reyes, con una luxación de cadera que obligó a sus padres a un estricto tratamiento que le mantuvo inmovilizadas las piernas durante sus dos primeros años de vida.

El precioso y esperado regalo –la pareja ya tenía un varón cinco años mayor que Claudia y 16 años después se sumaría otro– al que hubo que mimar, como si estuviera envuelta la pequeña en celofán, para evitar que renguera. Nada era color de rosa en el hogar de los Umpiérrez Rodríguez.

 ¿Habrá ayudado ese hecho vital a forjar el temple de la mujer que iba a ser? ¿A saber, quizás por ósmosis, a esperar, porque cada logro se amasa con tiempo, porque se trata de no darse por rendida?

Lo cierto es que aquella niña creció, correteó, como una forrestgumpque se liberarodeada de primos en el barrio Las Brisas de Pan de Azúcar, en Maldonado, adonde la familia se mudó buscando la cercanía de los abuelos y para superar alguna estrechez económica. La familia abrió un almacén de barrio para garantizar otro ingreso además de la pensión exigua de retirado del padre.

Claudia llegó a jugar al fútbol,  – “se me daba bien”, dice–, aunque advirtió entonces, un par de décadas atrás, que aquella disciplina incipiente y rudimentaria de chicas pateando una pelota sería para ella tan solo un pasatiempo.  No estaría fuera de la cancha, sin embargo.

Una circunstancia para nada azarosa, viniendo de la familia que viene, la colocó acompañando a una tía a un curso arbitral del que es rechazada por ser menor de edad. Aún era estudiante de secundaria, en casa querían que fuera educadora y ella se decantó por las leyes. Y una cosa llevó a la otra. Tuvo que mudarse a Montevideo para ir a la Facultad y reparece el arbitraje con la sola pretensión de ayudarse, y aliviar a la familia, con unos pesos extras que levante durante el fin de semana.

Hace el curso del año 2003 con 20 años y al finalizarlo comienza a pitar . “Mi padre, cuenta, se oponía, porque creía que el fútbol me iba a sacar tiempo”.

Y no andaba descaminado Julio Umpiérrez. A medida que el arbitraje demanda más horas de preparación, más  partidos y más viajes, quedan menos horas para la carrera porque además tiene un empleo estable y se casa. Y se divorcia.  

Claudia se tomará 11 años para obtener el título de abogada, aunque ya llevaba tiempo impartiendo justicia.

“OTRA VEZ PARTIDO, MAMÁ”

Cuatro años en cuarta categoría, uno solo en la tercera, seis interminables en segunda –en 2012 hizo la prueba física de hombres para subir a primera pero solo había tres cupos disponibles, quedó cuarta: volver a esperar– y, finalmente, de primera en 2016 y más primera aún el domingo 4 de septiembre cuando dirige el match entre River Plate y Boston River.  

También se merece esa fecha un círculo rojo –grueso, intenso – porque es la primera mujer que es árbitra central en la Primera División Uruguaya.

¿Será para ella más difícil pitar a hombres que a mujeres? “No sé si la expresión es difícil o no…”, corrige, “es diferente”. Ellos tienen más fuerza y más desarrollo técnico, pero esas diferencias, explica, se reducen “muchísimo a nivel mundial, porque el fútbol femenino es cada vez más profesional, las jugadoras en muchos países viven de eso y también muchas veces juegan mejor que los hombres. Para nosotras, no es más díficil, es lo mismo”.

Claudia lleva una década, que se dice pronto, como árbitra internacional, así que sabe de lo que habla. En 2012 fue al Mundial Sub17 femenino de Azerbiyán –al que también concurrió por primera vez la selección charrúa de la categoría–, un par de años antes  ya había pitado en el Sudamericano femenino Sub 17 y en la Libertadores femenina, en la que repitió en 2015, el año en el que debutó en el Mundial Femenino de mayores en Canadá.

Lo hizo tan bien en aquel Estados Unidos-Australia de Winnipeg, que le dieron también el Suiza-Camerún y el Inglatera-Canadá de cuartos de final antes más de 50 mil espectadores.

El 7 de enero de 2016, un día después de su cumpleaños 33, apareció ubicada en el top ten de las árbitras del mundo.

¿ A qué más aspira Claudia Umpiérrez? “Dirigir un clásico sería un sueño”, y en el plano internacional la meta es aún más alta: un Mundial masculino de los grandes, esos que nadie se pierde. Y unos cuantos escalones más abajo, como para comenzar la cuesta, un partido de Copa Sudamericana o de la Libertadores.

“No sé si lo voy a hacer pero estoy segura de que lo voy a ver”, afirma: sentencia, como corresponde a esta mujer de ley. “El arbitraje femenino crece a pasos agigantados, el hecho de que le toque a una compañera será algo muy meritorio, hay que seguir trabajando por ese objetivo porque está más que demostrado que podemos dirigir cualquier partido”.

El número de los partidos que ha pitado es tan  abultado como desconocido porque Claudia no lleva registros. “Soy un desastre”, admite. Ni idea tampoco de las rojas que ha mostrado. “Muchas veces los jugadores me dicen ´me echaste en tal partido´”.  Para ella no es algo anécdotico: “para mi es uno más”.

Uno más como los o las 22 a las que dirige en cualquier partido, aunque con alguno o alguna pueda haber lazos de amistad. “Normalmente uno no tiene relación pero tengo amigos futbolistas de la niñez, alguno incluso con el que nos criamos juntos, pero cuando empieza el partido cada uno va a lo suyo”.

Los partidos de Claudia no siempre terminan en el campo. A veces  empiezan antes o terminan después. Casada con el árbitro Gabriel Popovits, el asunto obviamente se comenta en casa. “A veces cansa un poco la temática, e intentamos no trasladar todo el tiempo el futbol a nuesta cotidianeidad,  aunque somos los principales críticios el uno del otro y el principal soporte para ayudarnos”.

Popovits cuida a la pequeña Naomi, a veces con la ayuda de los abuelos, cuando Claudia se asusenta para sus compromisos internacionales, lo que suele ocurrir con cierta frecuencia como en ese 2019 cargado de viajes y designaciones anheladas pero, aún así, sorpresivas.

Claudia y Gabriel se conocieron en el arbitraje, eran amigos, y cuando ambos se divorciaron, comenzaron su relación.  La llegada de Naomi, el 26 enero de 2014, interrumpió el proceso de ascenso de Claudia hacia la primera división. Esa sí, una espera feliz.

Tras el parto por cesárea intentó, en jornadas de doble horario, recuperar la forma física para atender la designación de FIFA para el Mundial Femenino Sub 20 de aquel año. Pero no pasó la prueba de velocidad. Su ausencia a esa competencia ponía en riesgo su asistencia al Mundial del año que siguiente.

Fue solo un riesgo, Claudia volvió, y más fuerte. Con la entrenadora personal Noelia Lorenzo cumple desde unos años un exigente plan de acondicionamiento físico y, además, sigue una rutina nutricional, “qué debo comer y qué no, que me modicia en la etapa de competición”. “Estoy mejor físicamente que antes”, afirma.

Por eso, entre otras codsas,  el retiro carece de plazo. “Quiero que el arbitraje me sorprenda”.

Hubiera deseado que una de esas sorpresas hubirta sido vivir del arbitraje, que aunque representa un ingreso importante no es el principal. “Sería un sueño vivir del arbitraje, hoy (el día de la entrevista, un mediodía de octubre pasado) entrené en la mañana y me tuve que venir a trabajar. Es la realidad nuestra en Uruguay”.

Árbitra, abogada, mamá. Claudia va de un lado a otro, con una agenda en la que reserva, con celo, las horas para la desconexión, para la vida familiar y para Naomi. “Escucho música, leo bastante, (Rolón entre los preferidos), no me gusta ver la televisión, no me engancho mucho con las series ni nada, alguna película sí, (como Antes de partir de Jack Nicholson y Morgan Freeman), e intento salir con mi hija a hacer alguna actividad cuando no tenemos fútbol”.

¿Y cómo vive Naomi el fútbol? “No entiende nada, ve a veces los partidos pero se aburre bastante, le gusta cuando salen noticias pero no es algo que la entretenta mucho y más de una vez dice ´otra vez partido mamá´”.

UN ESPECIAL PARA TÚNEL: ESTE ES EL FÚTBOL FEMENINO DE URUGUAY

.

Be First to Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: