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Fútbol femenino/ AÍDA CAMAÑO: una cátedra de fútbol a los 35

Jugadora de largo recorrido, nacida en Cerro Largo, apura sus días futbolísticos en Náutico, en la Divisonal B, y empieza a afinar su ojo de técnica.“Me estoy acercando a esa perspectiva”, dice.

Javier Conde @fútbolella / @jconde64

El diccionario de la Real Academia Española apunta que agrimensura es el arte de medir tierras. De eso vive Aída Camaño, técnica en cartografía, como empleada de la Intendencia de Montevideo, donde comparte sus horas con ingenieros y arquitectos. Y los fines de semana, cuando se viste de corto y tiene un balón en los pies, prolonga ese arte en el espacio reducido de una cancha de fútbol. O el aún más pequeño de fútbol sala.

¿Habrá llegado a la cartografía porque era futbolista y aprendió a moverse entre líneas o es futbolista porque sabe leer los planos de un espacio de 90X60 e incluso el movimiento de figuras para desplazarse ella, — alta, muy alta—, y el balón?

Con Náutico de Nicolás Sierra: segunda a la izquierda del DT. (Cortesía AC)

Ella dice que si hubiera podido, —circunstancias ajenas a sus destrezas lo impidieron—, habría sido una profesional del balón y los estudios, que siempre le inculcaron en casa, un complemento. Resulta la ecuación: futbolista primero, agrimensora después. “Jugar es mi vocación, mi pasión” 

Aída quizás nació antes de tiempo porque ahora que en el horizonte próximo se asoma con fuerza el profesionalismo, aquella niña que llegó de Melo para jugar en la exitosa e inigualada etapa de Rampla Juniors en el inicio del fútbol femenino charrúa, habría saltado el charco para enrolarse en la lustrosa liga española, por poner un ejemplo.

Este deporte me encanta, y le dedico lo máximo que puedo pero soy consciente de la ventaja que se da a aquellas que pueden dedicarse 100% al fútbol”, dice Aída, cuando comenta que nunca jugó la Libertadores Femenina a pesar de ser cinco veces campeona con Rampla y uno más con Colón y ahora, a los 35 años, siente que no le queda “mucho tiempo” y, además, “estamos muy lejos del nivel internacional”.

Aída muestra su fútbol de primera en un equipo que tiene complicado el ascenso y al que llegó por azar. Una amiga la había invitado a jugar en un amistoso con Línea D y su rival era precisamente su club actual, Náutico. “Disfruté mucho ese juego, cómo jugaba Náutico y además estaba Nico (Nicolas Sierra) con quien había trabajado en selecciones y vine a probar y me quedé”, cuenta.

Con el multicampeón Colón, segunda desde la izquierda en la fila de abajo. (Cortesía AC)

El equipo del este de Montevideo, que dispone de excelente infraestructura para la práctica del fútbol, es un equipo de buen ver, que mezcla jugadoras de experiencia como Aída, y también las hermanas Soravilla (Romina y Sabrina), con experiencia en la selección mayor, y la irrupción de valores nuevos y prometedores.

Sin embargo, el fin de semana pasado sufrió una dura derrota ante el intratable líder Defensor (3-0), que le pone cuesta arriba la lucha por un cupo para primera. “El plantel estaba reducido por lesiones, viajes, expulsiones, acumulación de tarjetas…”, apunta Aída sin intención alguna de justificar la derrota.

No se logró, pero tenemos la satisfacción de dejarlo todo, entonces no hay tristeza, no hay llanto” porque más allá del resultado entregarse al juego es el placer.

Camaño forma un doble cinco de lujo en Náutico junto con Sabrina Soravilla, amansando balones en el medio, domándolos, para luego lanzar pases medidos hacia derecha o izquierda o juntándose con la juvenil Ana Paula Martínez, en quien Aída advierte inteligencia y calidad para recibir y dar el balón y enfilar al arco contrario.

Su fútbol se hace notar muy rápido. Hay una sintonía con la pelota, que es amiga, y como tal se le trata, bajándola a ras del piso, escondiéndola, pisándola y luego el arte del engaño: un giro para un lado y salida por el contrario. “Nunca fui rápida, así que lo que quiero es siempre estar cerca de la pelota y tener la satisfacción de dar un buen pase

Campeona con Arachanas de Melo en la Copa de la Organización de Fútbol del Interior, luego con Rampla y Colón en los torneos de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Aída fue convocada muy pronto (2002) a la selección mayor de fútbol femenino, sin pasar por las categorías inferiores.

“Cuando arranqué a jugar ya tenía 17 años”, dice. A jugar se entiende en un equipo en competencias, porque lo hacía en el liceo Salesiano de Melo en fútbol 7 y  antes con sus hermanos Andrés, Leonel y Martín. Cuando la avistaron, ya era grande y fue directo a la selección mayor, con la que sigue coqueteando.

Ahora, con la mitad de su vida en un campo de fútbol, quiere estirar sus días futbolísticos mientras el cuerpo se lo permita y acaricia la idea de estudiar el año próximo la tecnicatura de fútbol porque, de a poco, se ha visto pensando en cómo armar un equipo, en cómo pararlo, en cómo trazar líneas, y vuelven las medidas, para desplazar jugadoras, recogerse en defensa o soltarse al ataque.

Y siempre con la idea de que el fútbol es más que “´patear la pelota”. Para ella ha sido un ámbito para generar lazos, para desenchufarse, para dejar de pensar aunque a ella, precisamente, por estar siempre usando la cabeza, le dicen Cabe, de cabezota, de pensadora. Quizás de la es capaz de imaginar espacios donde otras, y otros, ven un bosque.

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