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Las futbolistas y la explotación de su imagen ¿SER… O PARECER?

ANÁLISIS. A cambio de visibilidad, se usa a las jugadoras para campañas promocionales y comerciales.

Graciana Ravelo/ Jugadora de futsal y abogada.

La  imagen lo es todo en nuestros tiempos. El crecimiento de la publicidad audiovisual, el desarrollo de las redes sociales, el cambio de paradigma en los medios masivos de comunicación, no hacen más que ahondar en la importancia de la propia imagen.

Una imagen vale más que mil palabras dicen…, y cada vez estoy más convencida de que es ésta la máxima que gobierna en nuestro mundo moderno.

El mundo del fútbol es particularmente un ejemplo más que ilustrativo del bastión comercial que representa la explotación de la propia imagen.

Los futbolistas muchas veces perciben mucho más dinero por la explotación de este derecho, que por el desempeño en la cancha.

El derecho a la propia imagen es un derecho personalísimo que sólo puede ser explotado por terceras personas previo consentimiento expreso de su titular.

En el caso de los futbolistas, es de estilo que se pacte en el propio contrato de trabajo la forma y retribución que se percibirá por la explotación comercial de este derecho.

El fútbol femenino y su incipiente crecimiento se está viendo inmerso en un gran desafío en este sentido.

Cada vez más las marcas pretenden la utilización de la imagen de jugadoras en campañas publicitarias y cada vez más los clubes pretenden que las jugadoras adopten un rol protagonista en este ámbito.

En Uruguay, el fútbol femenino aún es amateur. Por ende las futbolistas no celebran contratos de trabajo con los clubes y como consecuencia tampoco negocian de antemano la explotación comercial de su propia imagen.

Es decir, que ante la solicitud de una marca o club de explotar esta imagen, se debe recabar el consentimiento de la jugadora para cada instancia.

Es preciso que las jugadoras tengan presente que pueden pactar una retribución acorde en función de la utilización de su imagen.

Hemos sido testigos del aprovechamiento que el mercado está realizando de forma gratuita de la imagen de las jugadoras de fútbol, excusándose en el otorgamiento de visibilidad. En oportunidades se utiliza la imagen de la jugadora a cambio de nada o a cambio de irrisorias remuneraciones en especie.

Cierto es que el fútbol femenino necesita de esta visibilidad y es lo que de forma insistente exigimos las jugadoras.

Ahora bien, es imperioso que NO resignemos la verdadera equidad en búsqueda de esta visibilidad.

Durante años las jugadoras hemos sido las verdaderas inversoras que sustentaron y sustentan este deporte: tiempo, dinero, fuerza de trabajo e imagen destinados sólo para mantener viva la práctica deportiva y sin ningún tipo de reintegro de carácter comercial.

Si las marcas y los clubes entienden que es necesario contar con la imagen de jugadoras para realizar sus campañas, deben asumir el compromiso económico que eso implica.

Todas las jugadoras debemos defender no convertirnos en cocardas funcionales de un sistema comercial que ahora sí ve un reintegro económico en una actividad que por años se vio financiada únicamente por sus propias protagonistas.

Que la equidad de género por la que tanto peleamos en el mundo del fútbol no sea sólo una imagen. No basta con parecer… hay que SER. 

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