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Fútbol femenino CUATRO URUGUAYAS profesionales en la liga de Argentina

Sindy Ramírez y Federica Silvera en San Lorenzo; Carolina Birizamberri en River Plate y Camila Barrios en Independiente, son la representación charrúa en el primer campeonato rentado de mujeres de la Asociación de Fútbol de Argentina (AFA). (Imagen Principal/Silvera en duelo contra River)

Javier Conde @futbolella / @jconde64

Una vuelve, Carolina; dos siguen, las santitas de San Lorenzo, y otra debuta desde el Unión de Paysandú. Los cuatro con contratos profesionales en el histórico torneo argentino previsto para comenzar el próximo 15 de septiembre.

Con un subsidio de AFA superior al medio millón de dólares, cada uno de los 17 equipos del campeonato argentino debe tener al menos ocho contratos profesionales. Un total mínimo de 136 contratos en la liga que se juega de un año a otro (2019-2020), aunque varios clubes, dependiendo de su capacidad económica, superan, unos con holgura, el piso fijado.

Fútbolella se acerca a ellas en los días previos al primer pitido de ese sueño de que el fútbol, su fútbol, tiene retribución económica. Poca, para algunas, pero un inicio prometedor en un ámbito sudamericano en el que tantas pagan por jugar. Así hablan.

LA CINCO QUE ERA PILOTO

Camila, la sorpresa de la sucinta lista, dice que siempre hizo de todo. En especial básketbol. Jugué con la selección de Uruguay un sudamericano cuando tenía 11 ó 12 años”, recuerda.

Camila, la debutante.

De piloto, armadora, devino con el tiempo en esa cinco que juega, se define, a “lo uruguayo”.

Compitió en el fútbol mixto de la Organización Nacional de Fútbol Infantil, ONFI, siempre con su Unión, y luego en la Copa Nacional de la Organización de Fútbol del Interior (OFI) de la que fue bicampeona. Nunca llegó, sin embargo, a una selección femenina charrúa de balompié. “Nunca, reitera, tuve un apoyo así”.

Lleva cuatro meses en Buenos Aires, entrenando, descubriendo la ciudad y conociendo a sus compañeras. Independiente le ofrece, además, vivienda y alimentación.

“Es un grupo relindo”, dice esta chica única futbolista en su familia, donde hay otra nena y un varón:  “Siempre me están llamando, me dan bruto apoyo”.

A “lo uruguayo” es, explica ella, raspar en el medio, ir fuerte. “Soy de buenos pases, buenos cabezazos…normal”. En el club le piden que vaya firme, que la agarre y juegue, que se olvide la timidez.

Y Camila, 171 centímetros, espera el debut, parary gustar y soñar más. “Quiero ir a España, esa es mi meta”.

VOLVER A CASA

Cerro, muy jovencita, Bella Vista, una prueba en Colón, Nacional, River Plate al otro lado del río, CD Parquesol en Valladolid, España, y, otra vez, el equipo de la franja roja oblicua.

“Estoy disfrutando lo que se está viviendo acá”, dice Carolina Birizamberri, que integró en 2012 la primera selección femenina uruguaya a un Mundial, el Sub17 de Azerbaiyán.

Carolina, volver, volver.

Contrato profesional, casa que comparte con dos más, comida, Carolina dejó en el olvido, casi, la experiencia de Parquesol. “El técnico no me ponía pero las veces que jugué, convertí” y se vino a la que dice “es mi casa, solo fui a probar”.

Goleadora desde siempre, ficha de la selección mayor, en River juega de volante y “llegó al arco aunque no tanto como una delantera”. Su equipo peleó el campeonato anterior hasta la última fecha, que se terminó llevando UAIUrquiza, el ahora bicampeón.

“Estamos muy bien, todos los equipos van a competir y el objetivo de River siempre es ganar”, afirma.

Cuando juegan el clásico con Boca Juniors, su familia no se lo pierde. La vienen a ver. “Ese es el partido que siempre queremos ganar, que tenemos que ganar”.

Cómoda en el equipo y en la ciudad, con el tiempo dedicado a prepararse y al descanso, Birizamberri se siente parte del “gran paso que está dando Argentina” con el profesionalismo.

“Hace años no le daban tanta importancia y esto bueno para todo el fútbol femenino”.

CRECIENDO UN MONTÓN

Sindy Ramírez es una jugadora polifuncional. Ha sido nueve, central y cinco, donde se desempeña ahora. “Me gusta aprender a jugar las otras posiciones”, apunta.

De Sauce, en Canelones, tenía seis años cuando aprendió a jugar con varones en escuelitas, en el baby. Más adelante, participó en los campeonatos uruguayos de fútbol femenino con Inau, Sportivo Artigas, Nacional, River, Wanderers y ahora espera, entusiasta, la primera temporada de fútbol profesional en Argentina, que será su sexta en el fútbol de ese país.

Sindy, laburo y entreno.

“Esto está creciendo un montón y en poco tiempo”, dice, y refiere que les dan mucha importancia. Sindy imaginó algún día, tiempo atrás, ser profesional y engloba como se siente en tres palabras: “es una felicidad”.

Con 28 años, Ramírez “labura” en el área administrativa de San Lorenzo y vive el día a día: entrenar, salir cuando puede a conocer algún lugar, tomarse un mate con las amigas. Y planea terminar sus estudios secundarios y después prepararse para técnica.

De su juego dice que le gusta armar las jugadas, “quitar y jugar”, que va bien por arriba, que encima la marca y que le pega fuerte a la pelota.

Entre sus jugadoras favoritas están Marta y Formiga (Miraildes Maciel Mota) y, como ellas, piensa seguir “hasta que el cuerpo diga”.

FEDERICA, LA ECONOMISTA

Vive en simultáneo los inicios de la primera temporada profesional en Argentina con la culminación de su licenciatura en economía por la Universidad Católica de Montevideo. “Me ha costado, dice, llevar una cosa y la otra.

Pero ya está en la tesis, para la que cursa un número determinado de clases de orientación. Quiere vincular su trabajo con el despegue del fútbol femenino. Busco el foco pero la idea es que lo que haga tenga viabilidad económica”, cuenta. Tiene un tutor que solo a juzgar por el apellido es un acierto: Luciano Magnífico.

Jugadora de selección, antes en la Sub20, ahora en la Mayor, Silvera comenzó a los 11 años en el club Tricolor, cerca de su casa en La Blanqueada, donde compartió, entre otras, con Keisy Silveira y Valeria Colman.

Federica, a la tercera.

Jugó un año con Colón, lo dejó un tiempo cuando nació su hermano porque no tenía quien la llevara a los entrenamientos y volvió para jugar en Fénix hasta 2010 y en Nacional hasta agosto de 2017. Desde entonces está en Argentina, esta será su tercera temporada.

“Aquí hay más preparación a nivel físico, el apoyo institucional es mayor, las instalaciones, se puede entrenar de mejor manera y todo eso empuja el crecimiento”, enumera y analiza.

Extremo por la derecha, aunque puede cambiar de lado, señala que San Lorenzo quiere ser campeón, que se están preparando para eso. “El año pasado fuimos cuartas”, recuerda. San Lorenzo es uno de los cuatro equipos que ha asistido por Argentina a la Copa Libertadores Femenina.

Aún acostumbrándose al “quilombo” de Buenos Aires, le gusta estar con su familia en los ratos libres que le deja el fútbol y su tesis en ciernes. Y empieza a disfrutar la vida profesional “que se irá sintiendo de a poco”. Y agrega: “Es un logro muy importante y ojalá se consolide”.

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