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FÚTBOL FEMENINO “Tienes que buscar a alguien que te pague, me dice mi hijo”

Rosario Martínez entrena a Peñarol Fernandino de mujeres en Maldonado. Es una de dos mujeres con Licencia Pro, el máximo nivel de FIFA,  en el interior de Uruguay. “Yo amo esto, amo enseñar”, dice y su voz explota satisfecha. (Imagen principal: La Profa felicitada por padres, madres y jugadoras)

Javier Conde @futbolella / @jconde64

Esta historia comenzó hace 15 años. Rosario Martínez llevaba a su hijo pequeño, Brian, a jugar fútbol. Y observaba y empezaba a hacerse preguntas. “¿Esto es entrenar? ¿Ponerlos a correr y tirarles una pelota?”. Tiene ojo y mirada de docente porque eso es lo que es en primera instancia: maestra de educación inicial.

Y tomó “un cursito”. Eran 34 hombres y ella. “Sentía pudor y temor, y la voz se le adelgaza, porque había jugadores de fútbol y yo nunca jugué al fútbol, por increíble que parezca”. Se llenaba los ojos, eso sí, de canchas y pelotas. “Veo mucho fútbol, por el placer de disfrutarlo”, cuenta.

Cuando dieron las notas del “cursito” de dos meses, ella goleó en psicología. Y al poco tiempo comenzó la prueba verdadera: le dieron la categoría de 8 años de niños de Barrio Perlita. Recuerda, como anécdota, que un padre retiró a su hijo. “No iba a dejar que a su pequeño lo entrenara una mujer”, y se ríe, porque más que hacerla desistir, eso fue combustible para ella.

Dos mujeres graduadas entre un montón de hombres. Rosario Martínez en la fila superior. (Cortesía Maldonado Deportes)

En el baby de Perlita se quedó 11 años. Fueron campeonas, relata, en los equipos de ocho y 10 años.  Siempre formando semillitas, sin llegar a las categorías grandes. “Tenían miedo de que los chiquitos dejaran de ir, porque son la base”, explica.

Luego vino su entrada al femenino hace ya ocho años. El profesor de la Liga Maldonadense, Rubén Acosta, le pidió que echara una mano con las nenas “y  desde ahí no he parado”. Las nenas no jugaban en clubes porque entonces el fútbol femenino no estaba tan extendido. “Competíamos representando a Maldonado. Casi ninguna había jugado y no nos fue tan bien el primer año pero luego ganamos todo”.

Florencia Mandagarán y Rosario Martínez: dos Pro. (Cortesía Maldonado Deportes)

De esas chiquillas salió Nikol Laurnaga que integró la Selección Uruguaya Sub17 que participó en el Mundial de la categoría del año pasado. Laurnaga también jugó para el Club Deportivo Maldonado, donde coincidió con Sol Lemos y Rocío Martínez , que están en la pre selección Sub20 de Ariel Longo y juegan en el Club Atenas.

“Ahora, dice, hay al menos nueve cuadros que tienen algo de femenino en Sub13 y Sub11” .

En paralelo, Rosario Martínez siguió sacando cursos: licencias C, B, A y hace un par de semanas la Pro, palabras mayores porque le permite entrenar aquí y donde sea y en cualquier categoría. Junto con ella obtuvo el título Florencia Mandagarán, del club Ituzaingó. “Nos dijeron que somos las dos primeras mujeres en tener esa calificación en el interior de Uruguay”, acotó.

Como docente, desde hace dos años sin trabajo, sin mella en la vocación, hizo otro curso más de arbitraje aunque no presentó el examen final. “Lo que quería era empaparme de las reglas” y recuerda a propósito que cuando era jovencita quiso ser juez pero se lo impidieron.

Peñarol Fernadino: a dar un poquito más. (Cortesía RM)

“Eran los tiempos de la dictadura –Rosario tiene 50 años bien llevados, madre de tres hijos, Débora y Karen además de Brian, abuela de Valentinoy participaba en las  bandas estudiantiles que fomaban muchachas y muchachos en los liceos para después competir. Y cuando el director de la banda que era militar se enteró que andaba por el tema del fútbol se reenojó, y hasta allí llegó en su lides de pitadora. ¿No tenían humor los militares?, le digo. “Nooo, y menos entonces”, y ríe a sus anchas.

El año pasado asumió la conducción de la primera femenina de Peñarol Fernandino –gentilicio de San Fernando de Maldonado, nombre oficial de la ciudad. “Son chicas de 13 a 20 años, la mayoría nunca había jugado al fútbol, así que la idea era prepararlas, pararlas en la cancha y no nos fue mal: fuimos cuartas entre siete clubes”, apunta, aunque quiere más.

Este año, confía, aumenta la exigencia para el torneo clausura. “Uno entra a pedirles un poquito más, tienen un año de conocimiento de cancha”. A Rosario le gusta transmitir a sus “chiquilinas” la idea de que todas las líneas se complementen, que haya dinamismo, que nadie esté estática. “Me dicen que soy defensiva y en verdad me gusta armar los equipos desde la defensa hacia adelante”, subraya, y destaca que “lo primero, es conocerlas bien y dejar de alguna forma que vayan encontrando su posición”.

El relevo en Maldonado. (Cortesía RM)

¿ Y qué viene ahora con ese título bajo el brazo? y ella responde con la esencia: “yo amo esto, amo enseñar”. Se sorprende con las cosas que ha logrado sin jugar nunca con la pelotita y se le viene la voz de su hijo, aquel niño que llevaba de la mano que ya es un hombre, que le dice “tienes que buscar a alguien que te pague”.

Ella sabe que es difícil. Más en el interior del país donde manda la condición de honorario. “Vamos a ver qué acontece, a uno le gustaría trabajar en lo que le gusta .

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