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Más de un siglo de historia oculta LA EXCLUSIÓN y la desigualdad GOLEAN al fútbol femenino

El VIII Mundial Femenino de la FIFA realizado en Francia ratifica la hegemonía de Estados Unidos, con su cuarto título, y vigoriza la lucha de las mujeres por la igualdad de derechos en el deporte. (Megan Rapinoe, estrella indiscutida del Mundial Femenino Francia 2019, dentro y fuera de las canchas/ Fifa/ Getty Images)

Javier Conde   @futbolella / @jconde64 /publicado en conjunto con www.elpitazo.net

“No estoy en contra del fútbol femenino, pero tampoco me agrada”, soltó hace casi medio siglo, en 1971 para ser precisos, el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, José Luis Pérez-Payá. En el verano de ese mismo año, una multitud de 110 mil personas abarrotaba el estadio Azteca de Ciudad de México para presenciar la final del II Mundial del Fútbol de Mujeres, patrocinado por marcas comerciales y sin reconocimiento oficial.

Aquella asistencia sigue siendo el récord para un juego de fútbol femenino. A muchos les cuesta verla. Y reconocerla.

Afiche del Mundial No Oficial de 1971: Xochitl (Flor) fue la figura ícono de la competencia.

La larga historia de más de un siglo de las mujeres en el fútbol – los primeros juegos datan de 1881 – está poblada de discriminación, burlas, prohibiciones institucionales y legales sin que mediaran las fronteras –en Inglaterra y Francia, también en Brasil y Paraguay, al menos–, dictámenes médicos y científicos que lo desaconsejaban, ocultamiento y, cómo no, frases desafortunadas.

El Mundial Femenino cuyo telón la Fifa acaba de bajar con todo fervor en Lyon lo comenzó a disputar en las calles de París la mejor jugadora del mundo: la noruega Ada Hegerberg.

Un afiche con su rostro y la simple pregunta Where’s ADA adornó postes y paredes de la capital francesa, como parte de una campaña concebida por la ONG mexicana Versus para llamar la atención sobre la discriminación de género.

Btlyth Spartans Ladies: primeras campeonas femeninas en Gran Bretaña (1918). (www.serhistórico.net)

Hegerberg, de 23 años, estrella del multicampeón europeo Olympique de Lyon, desistió de participar con su selección en el Mundial aún cuando la Federación Noruega acordó la igualdad salarial para sus combinados masculino y femenino. “No hay el mismo trato en difusión, ni en número de partidos, ni en campos de entrenamiento…”, argumentó la jugadora como parte de la campaña #MoreThanAPayCheck, más que un cheque de pago.

La selección de fútbol de hombres de Noruega ocupa el lugar 73 del ranking mundial, la femenina –campeona mundial en 1995 y oro en Sidney 2000, entre otros logros– el 14.

Alcanzada la visibilidad del fútbol femenino casi a escala mundial –contra esos ciento y pico de años de lastre en la que los hombres resguardaron ese espacio para ellos– las mujeres aspiran ahora a cuotas más altas.

En una encuesta de la Federación Internacional de Futbolistas Profesionales (FIFPro) se apunta que 90% de las mujeres futbolistas tendrán una carrera corta por “cuestión de salarios o maternidad” y 70% admite que ha sido “discriminada”.

Los ejemplos abundan.

Las jugadoras de la selección estadounidense, la potente supercampeona del mundo – en Estados Unidos hay más de 7 millones de jugadoras de soccer– demandaron a su federación en 2016  por la evidente desigualdad de condiciones con la masculina, claramente menos exitosa. Y volvieron a demandar el pasado 8 de marzo, en ocasión del Día Internacional de la Mujer.

La noruega Ada Hegerberg, la mejor jugadora del mundo.

La demanda la firmaron, entre otras, Alex Morgan, Carli Lloyd y la activista y Balón y Bota de Oro del Mundal recién finalizado Megan Rapinoe.

Morgan, la jugadora mejor pagada de su país, ingresa 100 veces menos que lo que devengan Cristiano Ronaldo o Lionel Messi. Lloyd gana en un año lo que el chileno Alexis Sánchez factura en una semana.

El salario que Neymar Jr. pactó con el París Saint Germain equivale, de acuerdo a Sporting Intelligence, al de 1693 futbolistas mujeres de las siete ligas más importantes del mundo (Francia, Alemania, Inglaterra, Suecia, Australia, México y Estados Unidos).

En Sudamérica, donde la profesionalización está aún en pañales, – solo Brasil, Colombia, con un campeonato reducido a un trimestre, y Venezuela, con su salario de agua, tienen campeonatos rentados, y Argentina se sumará para la temporada 2019-2020–, el fútbol femenino crece a pesar de la escasez de recursos, la precariedad de las canchas cuando las hay,  la marginación mediática (solo 4% de la información deportiva está dedicada a las mujeres) y la clara apuesta de la dirigencia por el fútbol “donde está el dinero”.

El presidente de Conmebol, Alejandro Domínguez, en el discurso al 70 congreso ordinario del organismo en abril pasado se ufanaba del incremento de los ingresos en tres años de 70 millones a 500 millones de dólares. “Tenemos la Conmebol de los récords”, recoge la página del organismo sudamericano las palabras del mandatario.

211 millones premiarán a los equipos masculinos que participen en las Copas Libertadores y Sudamericana. Sólo el equipo campeón de la Libertadores 2019 se embolsillará 20,4 millones de dólares. El club que ganó la Libertadores  Femenina de 2018 (Atlético Huila de Colombia) se llevó 50 mil dólares. ¡Cuatrocientas veces menos! (No hay ningún anuncio sobre lo estipulado para 2019).

Atlético Huila es el primer equipo colombiano campeón de la Libertadores Femenina: lo premiaron con 50 mil dólares. (F)

A mucha gente, sin embargo, le parece lógica esta relación a pesar de su evidente desequilibrio. Son las leyes del mercado, justifican.  “¿Es posible valorar la ‘justicia’ del mercado sin tener en cuenta los siglos de opresión, desigualdades y explotación que nos han llevado a la situación actual?”, se pregunta el historiador Juan Cristóbal Marinello Bonnefoy en el portal Ser Histórico.

El Mundial comenzó en las calles de París y terminó en el Stade de Lyon cuando Gianni Infantino, el mandamás de Fifa, entregaba a las estadounidenses la Copa de Campeonas. La música de fondo fue un grito profundo y largo: “Equal Pay”, “Equal Pay”.


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