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Especiales de Navidad EL GOL DE TANTAS VIDAS

Es un cuento de pura realidad. Es la historia de cómo Centenario de Fray Bentos se hizo campeón en el fútbol femenino del interior de Uruguay. Un fútbol a veces olvidado. Es la suma de un montón de pequeñitas historias con  final feliz. Un final de esos de Navidad, que se adelantó y llegó, en este caso,  en septiembre.

Javier Conde@futbolella / @jconde64

Nunca habían visto tanto dinero en tan poco tiempo.Hasta la tarde del domingo 23 de septiembre. Maguy  Ríos contó los billetes y los recontó uno a uno. Más de 70 mil pesos, dos mil y tantos dólares. Cerca de un millar de personas habían pagado por ver la final.

Fray Bentos fue una fiesta: el parque Liebig’s colmado con gente en sus tres tribunas, dinero en las modestísimas y exhaustas arcas y, lo definitivo, lo soñado, el campeonato.

Campeonas de la décimo sexta edición de la CopaNacional Femenina de la Organización de Fútbol del Interior (OFI) de Uruguay, que este año de 2018 llevó por nombre ONU Mujeres. OFI tiene 70 años de fundada y afilia a cien mil futbolistas.

Cinco mil de esos futbolistas son chicas: poco y mucho al mismo tiempo. El fútbol sigue siendo machista. Por escasear, escasea todo para ellas. Desde lo más básico, las canchas: ellas tienen que esperar a que ellos dejen de usarlas. Quizás por eso es conveniente cobijarse con la mismísima ONU.

El título que alcanzaron fue en su cuarta temporada. Nada mal. Eso es según la cuenta corta. Porque Maguy Ríos, la tesorera, tiene una cuenta más larga que empieza en 2007.

Mucho antes, dice, de que se llamaran Centenario Fútbol Club, que es la única institución deportiva con sección femenina entre los once que figuran en la Liga Departamental de Río Negro, a la que pertenece Fray Bentos.

La final fue una fiesta nunca vista.

“Hace diez años o más creamos una liga de fútbol siete de la que luego surgió la selección de Fray Bentos”, echa memoria Maguy –a quien casi nadie conoce por su verdadero nombre: María José Ríos– que entonces andaría por los 16 ó 17 años.  El plural incluye a Andrea Arias, su compinche futbolera.

Ríos y Arias, ambas operadas del ligamento cruzado y menisco, no pudieron jugar ni un mísero partido en esta temporada tan exitosa. Eso es a lo que llaman ironías del destino. Pero fueron titulares en la comisión que es el motor de Centenario. Y si  la comisión es el motor, Luis Lencina opera de combustible.  Eso parece, al menos.

“En una oportunidad, cuenta Lencina, nuestra hija Yamila se dedicó a jugar al fútbol femenino porque tenía un horario de estudio más flexible”. Y en otra oportunidad, sigue, lo invitaron a él a una reunión de padres en la que le propusieron ingresar en la famosa comisión.

 “Me contaron que nunca pasaban de la primera fase, que los otros cuadros eran muy fuertes y aprecié que todo se hacía con el enorme esfuerzo de unos cuantos”. La voz de Lencina parece mayor que sus 58 años: es uniforme y las palabras salen sin atropellarse: más bien se deslizan, finas, un tanto graves, cansinas quizás.

Lencina aceptó ser delegado: el cargo más alto de esta plana e igualitaria comisión que delibera por whatsaap. “Cada tanto hacemos una asamblea para votar lo que nos parece bien o lo que nos parece mal”, abunda. “Me propuse como objetivo la cultura, la disciplina, la puntualidad y la responsabilidad”, abunda aún más.

Cultura es similar a educación. Para él significa respetar a los rivales, a las compañeras, al núcleo que viaja a un juego, dentro o fuera del Departamento de Río Negro.

Lencina llegó a Fray Bentos hace 16 años. Venía de Artigas, en el extremo norte del país, con su mujer Miriam Rita Debessi y sus dos hijos, Jonathan (27 años ahora) y Cinthia Yamila (21). Por planificar, planificó hasta el nacimiento de ambos: el 3 de octubre.

Por estos días de septiembre siente, sin embargo, que es fraybentino. A donde va lo felicitan, lo saludan, le estrechan la mano y le dan una palmada en la espalda. “Que lindo”, dice que le dicen, por el título claro.

Y es que esta ciudad, de 24 mil y pico de habitantes,  –todo lo pequeño es más pequeño en este país–, recostada sobre el río Uruguay, que baja desde Brasil hasta el Río de La Plata,  se conmocionó con la victoria de Centenario sobre el curtido Arachanas de Melo, veterano de ocho finales con esta del domingo 23 de septiembre: imborrable para su rival, amarga para ellas.

Los vecinos siguen escuchando en sus cuentos posvictoria las bocinas de los autos que recorrieron bulliciosos y alborotados estas mansas calles de Fray Bentos,  más mansas un domingo por la tarde.

Nadie confiaba tanto en la victoria como Wilmar Larrosa. Es la convicción de quien tiene la retina saturada de fútbol. Fue jugador en Fray Bentos FC, cuatro veces campeón con Real Hervido –¡vayanombre!–, también ganador del Litoral con el combinado de Río Negro. Este 2018 es su tercera etapa dirigiendo a las chicas de Centenario.

“Haber empatado allá en Melo (la capital del Departamento de Cerro Largo),  y sin goles fue fundamental”, analiza. Centenario había perdido casi todos su spartidos de visitante “pero de locatario nos hacíamos fuertes, ganamos todos, las chiquilinas sabían que podían”, dice como si estuviera dando la charla en los camerinos antes de saltar a la cancha.

De cualquier modo tomó previsiones. Marca personal a Wendy Carballo, integrante del amplio plantel de la Sub17 femenina que se preparaba por aquellos días de finales de septiembre para el Mundial de la categoría en suelo uruguayo. “Y también para la 9”, apunta. La 9 es Martha Figueredo, una jovencita de 18 años, en quien puso la mira Peñarol: palabras mayores.

Y si esas dos armas letales de Arachanas superaban su pareja de marca, había otras escalonadas esperándolas. “Sacrifiqué dos o tres jugadoras porque sabía que ese era el fuerte de ellas”, revela Larrosa, quien revivió con el triunfo los éxitos de su juventud. “Es algo inimaginable”, dice y vuelve a decir, como una letanía. “Por esta zona hace tiempo que no se ganaba nada”, asienta.

Esa 9 de espaldas es Martha Figueredo: una chica a la que marcaron con celo.

Larrosa, de 42 años, trabaja en la empresa de chacinería, de embutidos de carne, la Distribuidora di Giannini Demasi. Es otro juego del destino. Carne y fútbol van juntos por estos parajes. Fray Bentos es más marca que pueblo. Una certeza que impulsó a la periodista Enmma Graham-Harrison a un viaje entre Carmelo, en el Departamento de Colonia, y la capital de Río Negro. Para escribir luego una crónica en The  Guardian
https://bit[L1].ly/2O6sGt3) en la que registra esa histórica vinculación

La soñolienta y encantadora ciudad ribereña de Uruguay también albergaba la marca Fray Bentos, que comenzó en 1863 en una fábrica en expansión. En su apogeo, esta catedral de la era industrial, construida al lado la exuberante orilla del río, alimentó a la mitad del mundo, produciendo carne en conserva y carne congelada para alimentar guerras y el surgimiento de imperios.

Ese breve fragmento de la crónica de Graham-Harrison da cuenta del singular hecho que puso a esta sucinta ciudad en el mundo, y wikipedia añade que la empresa británica Liebig Company (apellido del químico alemán que descubrió el extracto de carne, y  que identifica el estadio, sí)  junto con la producción del enlatado FrayBentos Corned Beef dio vida a un equipo que pervive en el tiempo: el Anglo Fútbol Club.

A Camila Carrocio todo esto debe sonarle a la prehistoria.

A sus 17 años es una de las más jóvenes de este plantel de largo recorrido de Centenario. Su vida discurre entre las clases de tercero de gastronomía y patear balones.  La cancha del club queda muy cerca de su casa, en el barrio Unión de Fray Bentos.

“Era la única niña que jugaba en la calle entre muchos varones”, recuerda. Se formó en el fútbol mixto que tanto se cultiva en las edades infantiles en Uruguay y esta temporada de 2018 fue titular indiscutible en el equipo femenino de mayores, aún cuando se perdió las tres primeras fechas por una sanción que arrastraba de la temporada pasada.

“Insulté a una juez, me expulsaron y me echaron cuatro partidos”, cuenta. Uno lo pagó en 2017. “Soy explosiva”, se excusa. Tanto para reclamar como para esquivar defensas.

Camila Carrocio: una sonrisa para un gol inolvidable.

La del medio entre tres hermanas, en casa de los Carrocio es la única futbolista. Se siente buena jugadora, lo dice ella, aunque le agrega el “humildemente”. Lo que más le gusta es chutar.“Pelota que me queda le pego”, confiesa.

Y esta tarde del 23 de septiembre cumplirá con esa sentencia.

Maguy Ríos y Adriana Arias, dos de las siete chicas que vienen jugando juntas desde hace 10 años,  sabían que este año tendrían que ayudar al equipo fuera del campo.

Venían lesionadas desde 2015. La primera se operó en mayo y la otra en abril. Su baja hizo que el equipo buscara refuerzos para cubrir las estratégicas posiciones que ellas ocupaban: la última defensa por Ríos, la enganche por Arias. Así llegaron desde Young, a un centenar de kilómetros de Fray Bentos en el propio Río Negro, Noelia Alcaide y Andrea Arévalo

Profesora de educación física en los jardines públicos 64 y 69, Ríos echa una mano en la preparación física y centraliza los esfuerzos de recaudación. Calcula que gastaron unos 200 mil pesos en la temporada: más o menos 7.000 dólares.

El fútbol femenino aún es barato.Y el de las provincias o departamentos, como este de Uruguay, aún más. Pero ¡cómo cuesta reunir ese dinero!

Centenario planifica mes a mes los gastos de acuerdo a los desplazamientos que debe realizar. Una red de 145 socios aporta 50 pesos mensuales (1,7 dólares). Pero 40% de cada aporte se lo lleva el cobrador que pasa en una motocicleta por las direcciones de cobro. “Y además le damos para la nafta (combustible), precisa Ríos.

“Hacemos beneficio de comidas, de pizzas, torta frita, empanadas, donas, y algunas rifas pequeñas porque la gente está cansada de eso”, cuenta la tesorera. Este año OFI les dio 150 números de la rifa de un auto. Lo que recaudaran sería para el club. “Las vendimos aunque el monto eraalto: 400 pesos (13 dólares) por número”.

Ríos siempre se aplicó con las cuentas. Achicaba en el campo de juego y luego anotaba entradas y salidas desde 2015. Solo son ocho personas en la comisión y deben redoblarse. “En cada viaje hay que contratrar el ómnibus, garantizar la comida de las chiquilinas, la kinesiología, y nadie nos da nada”, hace balance. Cuando son locales, costean el arbitraje y su desplazamiento y la seguridad del recinto.

Por trasladarse a Melo y volver en el partido de ida de la final, cerca de ocho horas de viaje, desembolsaron 51 mil pesos (1.700 dólares). Si contar la alimentación y otros gastos derivados de pernoctar en la capital de Cerro Largo.

“Solo en esta ocasión recurrimos a la Intendencia para que nos ayudara”, admite Ríos y confirma Lencina. “También se alían algunos comercios”, apunta él. Una frutería siempre les entregó sin costo raciones de bananas para las jugadoras.

“Fuimos sumando de a poco”, reconoce Lencina, un hombre perseverante, acostumbrado al trabajo duro día tras día. Junto con su hijo Jonathan acopia pescado, que compra a pescadores en el río Uruguay y conserva en una cámara en su casa hasta que un frigorífico de Salto manda a buscar la mercancía un par de veces por semana.

Boga, sábalo, dorado, tarira, son las especies má sfrecuentes. Hay jornadas que los Lencina se llevan una carga de hasta una tonelada. “Es un río muy rico en peces”, comenta. En la mesa de su casa, sin embargo, comer pescado es una rareza. “Cada tres o cuatro meses”, duda.

La pesca que los Lencina y tantos otros comercializan terminará exportándose a Brasil y Colombia. Manda la carne en Fray Bentos. Y el fútbol. Lencina ya piensa en la temporada de 2019. “Vamos a descansar un par de meses y a considerar las opciones que tenemos”, apunta.

Larrosa anda en la misma línea. Descanso y luego a entrenar fuerte para participar en la liga mercedearia, por Mercedes, la capital del Departamento de Soriano, al sur de Río Negro, separados justamente por el río homónimo, que cruza de este a oeste Uruguay. “Jugando ahí nos preparamos para el campeonato de OFI”, adelanta.

Su hobby es entrenar a las chicas. “A mi me encanta el fútbol y por eso hago esto”, reitera. Su mujer, Adriana Duré, la capitana, es una de las veteranas del equipo. “Tiene 38 años, pero está para jugar, quiere seguir”, dice.

Un corazón inflado el de Centenario con su título tan sufrido.

Duré se gana la vida como empleada doméstica, un oficio sacrificado que prolonga en la cancha desde su posición de cinco, todo entrega por el equilibrio, por mantener el armado defensivo.

“Un referente, habla con las chiquilinas cuando las cosas no salen, y las impulsa a seguir, a insistir”, dice el esposo que, puertas adentro del camerino, la trata como una más. “Oigo opiniones pero decido yo”, establece Larrosa, que lleva 21 años de matrimonio con Duré.

Feliz como un niño por el campeonato, el técnico de Centenario se anima a revelar una anécdota que forma parte de los secretos del camerino.

 “A pesar de tener dos arqueras, había una que no podía entrenar y por tanto teníamos una sola, que es Melanie Niz”. La chica trabaja en las tardes y en la semifinal contra Nueva Palmira de visitante, que nos tocó un miércoles a las 8:15 de la noche, ella viajó aparte, en otro auto.

“Y ya estábamosen el estadio, se acercaba la hora y no llegaba, y no llegaba”, sigue Larrosa. Se metieron a los vestuarios a cambiarse, el DT da la charla antes de salir a calentar pero todas las chicas preguntaban qué hacemos sin arquera.

“Vamos a salircon 10”, les dice Larrosa. “Las dejé heladas por unos mínutos”, y  ríe el DT al recordarlo.

Si colocaba a la suplente, pensó, se vería obligado a un cambio porque estaba seguro que Melanie llegaría. Colocar una jugadora de campo al arco le resolvía el trance pero era un riesgo enorme.

Las chicas aún impactadas se dirigen hacia la puerta del camerino para salir al campo a calentar y al abrir lo que aparece es el rostro angustiado de la arquera.

“Todos comenzamos a reir, a abrazarnos, respiramos aliviados”, relata Larrosa, que aprecia en el episodio la mayor fortaleza de Centenario: la unión del grupo.

“Si, somos muy unidas”,reafirma  Camila Carrocio, que se incluye entre el grupo de las graciosas, de las que tienen la broma a flor de piel. Y también de las predestinadas.

En cuartos de final un tiro libre de ella les dio la victoria 1-0 ante Unión de Paysandú. Pero la apoteósis vendría la tarde bendita del 23 de septiembre.

Carrocio, con el 7 en la espalda, recibió un pase largo desde su campo que la encontró sola, en el lado izquierdo a la entrada del área. Avanzó un par de pasos y cuando la marcaba la encimaba sacó un disparo con la zurda siendo derecha y al ángulo. 

El tumulto de sus compañeras, que se sabían victoriosas a falta de unos minutos, la iró al suelo. “Fue algo tremendo, se me vinieron todas las emociones juntas”, revive.

 “Es el gol de mi vida”, grita, exclama, y el de tantas. Y solo tiene ella 17 años.


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