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Final España-México UNA DE ELLAS SE LLEVARÁ LA COPA MUNDIAL

Las vidas de Toña Is y Mónica Vergara, de 52 y 35 años, una asturiana, la otra de Ciudad de México, se cruzan en los últimos 90 minutos del Mundial Femenino Sub17.  (Imagen principal: Las dos DT de la final con la Copa que añoran/ Fifa Getty Images)

 

Javier Conde @futbolella/ @jconde64

 

Se despide el Mundial de Uruguay.

Por primera vez sin una selección asiática en la final, por primera vez entre iberoamericanas. Muy lejos de los casi 115 goles promedio por torneo. Van 80 y quedan dos partidos. ¿Señal de que las distancias se acortan?

Y deja un montón de nombres a seguir: la canadiense Jordyn Huitema; la ghanesa, de sonrisa perenne,  Mukurama Abdulai; la kiwi Gabi Rennie, una moto de 1000 cilindradas; esa pícara inocencia de la pequeña colombiana Gisela Robledo;  Nicole Pérez, incombustible capitana mexicana;  el triángulo español, de goles y pases, que forman Eva Navarro, Claudia Pina e Irene López. Y muchos más, claro.

Entre ellos un par de puñales charrúas, Belén Aquino y Esperanza Pizarro, con los goles más ansiados y más gritados, cortesía de la casa.

Mónica Vergara, en su primera final mundialista. (Cortesía Fernando Morán)

El último tablero pertenece a Antonia Toña Is y a Mónica Vergara, las dos entrenadoras que moverán fichas para llevarse la victoria definitiva. Es un mundial de mujeres. Que no quepa duda.

Toña Is (1966) comenzó a jugar al fútbol en las calles de su barrio La Corredoria, Oviedo, “con mis hermanos y amigos”, como registra una nota de El Comercio de su ciudad natal.

A los 14 años se integró en un equipo que, vaya casualidad, se llamaba México, y que con el paso de los años y sucesivos cambios se convirtió  en el Oviedo Moderno –hoy en la órbita del Real Oviedo, en la segunda división española.

Toña Is con sus chicas luego del pase a la final. (Fifa)

Defensa de envergadura y cualidades técnicas, líbero se decía en la época, disputó 33 encuentros con la selección de su país, incluyendo la Eurocopa de 1997, en la que España participaba por vez primera y alcanzó el tercer lugar. “Nadie daba un duro (vieja moneda de 5 pesetas) por nosotras”, recordaba en la nota aludida.

Para entonces, Mónica Vergara Rubio andaba por los 14 años y el entrenador Leonardo Cuéllar Rivera ya la había convocado a la selección nacional mexicana. En 1999 compitió en el Mundial Femenino de Estados Unidos.

Su hoja de vida futbolística registra dos Copas de Oro en 2002 y 2006, los Juegos Olímpicos de 2004, y cuatro Juegos Panamericanos con un saldo de tres medallas: una plata y dos bronces.  En 2011, sin ver el surgimiento de una liga nacional en México, fungía de asistente del técnico Cuéllar Rivera en la Copa Mundial de Alemania.

Ese año a Toña Is aún no le había cambiado la vida deportiva. La nota de El Comercio es del 2 de diciembre de 2011 y ella cuenta que trabaja en la sección de tráfico de la policía local de la ciudad y entrena un grupo de niños “maravillosos” del Club La Corredoria “entre los que se encuentra mi hija Paula, que es la portera”.

Paula nació el 6 de agosto de 2001 y  de inmediato su madre se apartó de la preparación de las categorías inferiores del Oviedo Moderno. “Hay prioridades en la vida, y ella era una de ellas”, confesaría. Madre e hija están ahora juntas en la selección española: Paula, jugadora del Sporting de Gijón, es la suplente de Catalina Coll.

2014 es un año que anticipa este cruce de caminos entre Vergara e Is. La mexicana asume el mando de la Sub15 de su país para los Olímpicos de la Juventud en Nanjing, China, y la española se saca el título de entrenadora en una promoción que incluye a ilustres futbolistas como Guti (José María Gutiérrez), Iván Helguera, Pedro Munitis y el portero César Sánchez, entre otros.

Un año después recibe la llamada de la Real Federación Española de Fútbol y pasó a ser la primera seleccionadora de su país. Vergara también lo fue en el suyo

“Todo llega”, suele decir la entrenadora asturiana, que antes del pitazo inicial, como hará mañana mientras las chicas están atentas al primer toque de balón, se santigua cuatro veces, cuatro era el número que lucía en la espalda.

“Ambas lo vamos a disfrutar y va a ganar el (la) que merezca ganar esta final”, adelanta Vergara, siempre elegante en la banda que aún con sus zapatos de punta fina doma el balón que se sale por las líneas.

Es la esperada final de las mujeres.

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