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La seguridad vs el clásico A NADIE le gusta la restricción, pero HAY RESTRICCIÓN

El partido “más lindo” del fútbol femenino uruguayo se juega a escondidas en la víspera de un Mundial en el que se pretende dar visibilidad al balompié jugado por mujeres. (Imagen principal de partido entre Nacional y Peñarol del Apertura 2018, con ambos planteles cuestionando las medidas de restricción)

 

Javier Conde @futbolella/ @jconde64

 

Ni la Mesa Ejecutiva, ni los directores técnicos y delegados de Nacional y Peñarol, mucho menos las capitanas, tampoco dirigentes y jugadoras de otros clubes; ni que decir del periodista más referencial o de la mujer que durante seis años ejerció el liderazgo del fútbol femenino en la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). Todos se oponen a que el clásico se juegue con acceso limitado de público.

Eso es lo que revela la consulta realizada por Futbolella. Pero nada: el clásico de este domingo 21 que decidirá la suerte del Clausura y la tabla anual se jugará con acceso limitado de público. ¡Viva el consenso!

Sólo podrán asistir las personas que figuren en listas previas elaboradas por los clubes que son rigurosamente chequeadas en la puertas de acceso al estadio: en este caso el Obdulio Varela.

Una de las tribunas del Parque Liebig’s de Fray Bentos durante la reciente final de la Copa Nacional de OFI: hay gente para el fútbol femenino.

A Sergio Bustamente, DT de Nacional, no  le “entra en la cabeza” tal despropósito; a su colega adversario Daniel Pérez le resulta “una pena”; Gabriel López, delegado del equipo tricolor y acuciosísimo recopilador de datos del femenino, propone en lugar de restricción cobro de entradas porque “ningún problemático paga el ticket”.

La capitana carbonera Florencia Vicente cree que las entradas restringidas “no ayudan” al crecimiento del fútbol femenino; Valeria Colman, que lleva la cinta en su rival,  la secunda y desliza que es un partido que “interesa a más gente”.

Michael Sorano y Paulo Chaves, bujías de San Jacinto Rentistas y Colón, lamentan la medida con “lo lindo” que sería ir al partido. Graciela Rebollo, de Liverpool, confía en que el fútbol femenino deje de pagar “la agresión” que hay en la sociedad.

A Jorge Burgell –impulsor desde sus inicios en 1996 del fútbol femenino y cronista de la diaria, además de responsable del Departamento de Niñas de la Organización Nacional de Fútbol Infantil, ONFI – le parece que la restricción de público (“en lo que han sido éxitosos, logran que no vaya nadie”, consigna) va en dirección contraria a lo que necesita el fútbol femenino.

  • Hay que utilizar ese partido como arma de difusión, para abrir las puertas y hacer lo necesario para que se llenen las gradas.

Es una aberración y un retroceso”, expresa sin reparo alguno Nair Ackermann, con la autoridad que le confieren el haber participado en los comités de FIFA organizadores de tres copas del mundo Sub17 y su años al frente del fútbol femenino de AUF.

Pero, ¿cuál es el poder que logra convertir tanto consenso adverso en algo inútil y hasta anecdótico?

 

Con la seguridad hemos topado

La ecuación es sencilla e invariable hasta ahora. Permtir la entrada sin restricciones al clásico requiere medidas de alta seguridad y eso cuesta un dinero que el fútbol femenino no produce.

“Las medidas que se toman son las que aconseja la comisión de seguridad de AUF que se trasladan a los responsables de seguridad de los clubes, que las aceptan”, resume Danilo Mannise, uno de los cinco integrantes de la Mesa Ejecutiva del fútbol femenino.

Final femenina de Ecuador en el estadio Chucho Benítez de Guayaquil: hay gente para el fútbol femenino.

Y ese es el consenso que en definitiva vale. Porque los clubes que son dueños del espectáculo también serían responsables de cualquier situación fuera de control. La Mesa Ejecutiva avala ese acuerdo tripartito porque, en caso contrario, compartiría responsabilidad en “eventuales desmanes”.

El delegado de Peñarol, Ignacio López de Lacalle, lo que lamenta es carecer de los “ingresos para poder pagar la prevención de seguridad” y, por tanto, no queda más remedio que hacer las “listas de restricción” para que solo entre gente que se conoce.

Un esquema de seguridad confiable supondría alquilar un estadio adecuado, contratar seguridad privada, pagar requerimientos del  Ministerio del Interior y, si hubiera cobro de entradas, se agregarían los costos de elaboración y de las comisiones de venta.

Un fútbol amateur como el femenino está lejos de poder costear dispositivo semejante. Lo curioso es que nadie recuerda –otro consenso inútil– episodios “graves” en un partido del fútbol femenino, incluido los clásicos. Lo reconoce Mannise  y Burgell apunta que en todo caso es “una severa aplicación de las medidas de seguridad”.

Mannise  advierte que las medidas no son para nada nuevas y admite que su corrección es un “tema pendiente”. En la Mesa Ejecutiva se están considerando alternativas para que el juego “sea abierto y vaya mucha gente”.

Una opción que se sopesa es la emisión de algún tipo de carnet que permita el acceso a los asiduos del fútbol femenino, esboza Mannise, y López de Lacalle confirma que los equipos están en la búsqueda de alternativas. Pero no habrá tiempo este año.

“La forma para que la gente se entere de que hay fútbol femenino es abriendo las puertas”. La frase es de Sergio Bustamante. Y queda como un anhelo.

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