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Vuelve el femenino de Uruguay AL VOLANTE DE UN BUS afina el plan de juego de Cutcsa Línea D

Juan Carlos Duarte trabaja desde hace 26 años en la principal empresa de transporte público de Montevideo y dirige al equipo femenino que él mismo organizó. “Por mi hija me hice entrenador”, revela.

Javier Conde/ @futbolella/ @jconde64

 

Cuando hablamos días atrás Duarte andaba en la ruta: siete horas y media cada día dando vueltas por la capital uruguaya al frente de su ómnibus –propiedad que comparte con tres socios, uno de los cuales también maneja la unidad. Se escuchan voces, gente que pregunta sobre una parada, una dirección. Él responde y retoma luego la conversa futbolera. “El club de fútbol se formó en 2014, yo se lo propuse al Presidente”, recuerda.

El Presidente es Juan Antonio Salgado, hijo de gallegos llegados a Montevideo en las primeras décadas del siglo XX, que como Duarte manejó un ómnibus para Cutcsa (Compañía Uruguaya de Transportes Colectivos Sociedad Anónima), una singular empresa forjada por inmigrantes hace 81 años que atiende a 620 mil clientes diarios. “A él  (a Salgado) y a la empresa les sirve la idea”, dice. Para Duarte la creación del equipo es un acto de amor.

  • Tengo una hija que le encanta del fútbol desde que tiene cinco años. Pero nunca la quise llevar porque jugar con varones es complicado.

Pero cuando Valentina, que así se llama la hija, hoy de 19 años, cumplió 12 y mantenía intacta la ilusión de patear un balón,  Duarte la llevó a Colón donde jugó un par de años en el fútbol solo de mujeres. Después vino la reunión con Salgado y el nacimiento del club que compite en la Divisional A del campeonato femenino organizado por la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). “A mi me apasiona el fútbol pero nunca pensé en dirigir un equipo, hice el curso porque ella (Valentina) me insistió”, admite.

Duarte con Valentina: donde empezó todo. (Cortesía JCD)

Cutcsa asumió parte de los gastos de funcionamiento de los equipos –adulto y Sub19– y les habilitó el uso de una “canchita” (de 9 contra 9) mediante un convenio con el Hospital Policial. Los juegos de campeonato los realizan en una instalación del barrio de Colón. A Duarte lo acompaña en las tareas de adiestramiento Federico Falero. “La idea es que los dos estemos en sintonía, que juguemos a lo mismo en ambas categorías”, apunta.

Cuctsa Línea D tiene muy claro  a qué juega y qué pretende en el fútbol femenino. A punto de iniciarse el torneo Clausura, Duarte estima que por el nivel de sus jugadoras deberían ubicarse cuartas en la tabla de 10 equipos. En el Apertura esa posición la ocupó Liverpool y en la sexta se colocó Cuctsa. “Estuvimos  debajo de lo que pensábamos, lo que pasa es que hay partidos que no se dan”, explica. Aún cuando en su once se alinean dos chicas que fueron de la selección charrúa: Paula Viera y Joselyn González.

En esos resultados debe influir la filosofía que Duarte imprime en el equipo: “En los tres fuertes (se refiere a Colón, Nacional y Peñarol)  solo juegan las que tienen buen nivel, nosotros le damos oportunidad a todas”. El equipo tiene una columna vertebral, que son las chicas que no deben salir “pero para nada son intocables, aún hipotecando el resultado”. Duarte afirma que esa disposición es un asunto ético, también dice que el fútbol femenino de Uruguay, lejos aún de la profesionalización, no da para entrenar todos los días.

  • Nosotros practicamos tres veces a la semana, pero si no vienen, no pasa nada. Las chicas trabajan, juegan gratis, así que no se les puede poner como obligación asistir. Claro, si se preparan es mejor para jugar.

A sus 46 años de edad, Duarte disfruta a plenitud su equipo y su rol de dirigente y entrenador. Más de la mitad de su vida ha estado ligada a Cutcsa, donde fue obrero antes de obtener un préstamo que le permitió compartir la propiedad de un ómnibus. Y ahora con el fútbol reforzó esos vínculos y abonó en una suerte de nueva familia. “Compartimos lunes, miércoles, viernes y domingo, más que mi propia familia en ocasiones”, comenta.

La Sub19 que puede disputar la Copa de Oro de la categoría (Cortesía JCD)

Y como familia bien habidda comparten códigos: nada de malas palabras, ni riñas, tampoco actos irrespetuosos. “Esto va más allá del fútbol, queremos que las muchachas se lleven algo para sus vidas y si encima ganamos, genial”. No hay obsesión por los resultados. Saben qué juegos pueden perder y cuáles deberían, en principio ganar. “Este es un ambiente prolijo, cualquiera siente la diferencia”, insiste.

Hay además, intuyo, algo paternal en Duarte. La Sub19, que juega en paralelo a la categoría adulta aunque en un formato de torneo distinto, puede clasificar con una victoria más a la Copa de Oro, en la que los seis mejores equipos deciden el título, él siente sin embargo que les iría mejor competir en la Copa de Plata, a la que acceden los cinco siguientes (en esta categoría compiten 11 equipos). “Lo importante es la convivencia y en la Copa de Oro hay partidos que no podemos ganar”, suelta sincero.

Y un murmulo de voces de fondo recuerda que Duarte sigue en la ruta. El balón no para, el bus tampoco.

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