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Juli Castro y su gol a Peñarol “SAQUÉ ESA PATADA DEL ALMA”

La 7 de Nacional de Montevideo, goleadora de raza, afirma que su prioridad es el equipo. Admite que está al final de un ciclo.

Un gol puede valer un campeonato. El de Juliana Castro el fin de semana en el clásico uruguayo sirvió, por ahora, para que su equipo igualara la punta del campeonato de fútbol femenino a falta de dos jornadas y quebrara el invicto del campeón Peñarol. “Todas estamos muy contentas”, dice esta chica próxima a cumplir 27 años que tiene la manía de meter goles. Muchos.

La jugada que decidió el partido, disputado en el parque Méndez Piana, vino tras un corner. La pelota le cayó a Castro y zas, le pegó a puerta y venció a la muy segura Sofía Olivera, también portera de la selección uruguaya de mayores. “En un partido anterior tuve una oportunidad similar, pero la jugué al centro”, recuerda. Iba media hora o un poco más del primer tiempo, Nacional atacaba con insistencia por su flanco derecho, las “carboneras” se defendían con orden y lanzaban pelotazos para que sus delanteras Lourdes y Edrit Viana sorprendieran al rival.

Un gol celebrado con rabia, vale para alcanzar la punta y tal vez más…(Cortesía JC)

Una chiquilina salió a cerrarme”, revive, y se quedó sin opción de pase. En fracciones de segundo decidió. “Saqué esa patada del alma”, y la frase le viene de muy adentro, del alma quizás. “Dependíamos de este partido para colgarnos de la punta”, analiza.

Luego de 7 jornadas del torneo Apertura, Colón, Peñarol y Nacional comparten el liderazgo solo separados por los goles, esa resta entre los metidos y los recibidos que, por ahora, favorece a los primeros, campeones uruguayos de 2013 a 2016 y finalistas del torneo pasado. “A ellas (las chicas de Colón) les queda enfrentar a Liverpool, que es un rival complicado”, dice Castro.

Los padres y hermanos menores de la goleadora vinieron desde Trinidad, en el Departamento de Flores, a ver el juego. Un viajecito de casi 400 kilómetros ida y vuelta. Faltó el hermano mayor, el afamado Gonzalo Chori Castro –ex jugador de Nacional y de los clubes españoles Mallorca, Real Sociedad y Málaga– que llega el fin de semana al país, luego de concluida la temporada europea. Juli –como la llaman familia y amistades– siempre ha visto en él un referente. No el único.

Ella es la dueña del gol en los campeonatos femeninos más recientes organizados por la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). En 2009 estableció el récord absoluto con 53 pepinazos, y lleva dos títulos de goleo consecutivos: 2016 (30) y 2017 (26). En lo que va del Apertura de 2018 suma 13. “Un periodista de Nacional, cuenta, me dijo que llevaba en total unos doscientos treintaypico”, y ríe ella y río yo. Está cerca de alcanzar a Alejandra Laborda, figura desde los primeros torneos a mediados de los años noventa del siglo pasado.

Al escuchar a Castro, o Juli, como prefieran, uno percibe que está en una suerte de etapa de transición, que sin cumplir los 27, que lo hará el próximo mes, se siente al final de su carrera de jugadora y con los intereses recolocados. Dice, por ejemplo, que cuando era más chica –ella empezó en esto hace rato– lo suyo era meter la pelotita, ahora “quiero que gane el equipo”; dice, por ejemplo, que su trabajo de profesora de educación física –que desempeña en tres lugares diferentes, como de ir de banda a banda en la cancha– es su primer interés; y dice, por ejemplo, que no se ve alejada del campo y que para eso ya tiene su licencia Pro de entrenadora.

A los 14 años ya jugaba con las de 20, a los 18 se fue becada a Misuri, donde comenzó a estudiar educación física pero no se adaptó a las dificultades idiomáticas; y aún sin rozar los 30 lanza la mirada a mediano plazo. “Como jugadora estoy cerrando un ciclo, tenemos que tener un tiempo determinado para dedicarle a esto y ahora estoy priorizando el trabajo”, que copa sus horas y saca tiempo de vez en cuando para tomar unos mates con las amigas en la Rambla o salir a bailar al ritmo de La Sandonga o volver al regazo familiar en Trinidad.

Pero, sin duda, quiere ayudar a “que Nacional esté en lo más alto”, equipo al que regresó esta temporada tras pasar un par de años en River Plate. En la casa todos siguen al club albo. “Me fui por diferentes motivos”, suelta sin entrar en detalles, donde se explaya es en lo bien que se siente en el equipo, en la comunicación que tiene con sus compañeras de ataque, con Adriana Castillo y con Giovanna Yun, con la que viene jugando desde River. “Con todas hay entendimiento”, enfatiza.

“Sergio (Bustamente, el DT)  nos insiste en jugar la pelota por abajo, nada de pelotazo, asociarnos, buscar las líneas de pase”, relata. Y ella encaja como anillo al dedo en ese juego con su movilidad, dribling y lectura del partido. “Me gusta saber que voy a hacer con el balón antes de que me llegue”. Y ya contó que hizo con uno que las metió en la pelea por el título.

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