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Agustina Arambulo, UN MOTORCITO EN EL MEDIO DEL CAMPO de Peñarol femenino

Apenas va a cumplir 20 años y colecciona siete temporadas y tres campeonatos en la liga de fútbol de mujeres de Uruguay, además de la participación en el Mundial Sub17 de 2012.  “¿Casi una veterana?”,  le digo, “Si”, dice, y se ríe con ganas. (Imagen principal cortesía de Federico Barreiro)

 Javier Conde/ @jconde64/@futbolella

“Tengo más marca que ataque”,  dice Agustina Arambulo cuando habla de su fútbol. “Jugadora temperamental”, añade Paulo Chaves, que la tuvo desde muy pequeña en Colón. “Aguerrida y muy fuerte”, dice su técnico actual, Daniel Pérez. Y ella, para completar, admira al Ruso Pérez (Diego Pérez), ex jugador de Defensor, Peñarol, entre otros clubes,  y en especial de la selección uruguaya, que hizo de la entrega y el sacrificio una marca de fábrica: la propia garra charrúa.

Era muy, muy pequeña y tuvo que aferrarse a la vida. Una reseña del portal Referi, del diario El Observador de Montevideo, titulado Un milagro de Navidad cuenta que Agustina debió ser operada a los seis meses de nacida por padecer una cardiopatía congénita. Nada presagiaba entonces que esa chiquilla se iba a convertir en una atleta esforzada e incansable. Ella recuerda aquella nota periodística y solo comenta: “Eso fue hace mucho tiempo”.

Agustina en su oficio preferido: la marca del rival, en este caso de una chica de River Plate. (Cortesía Agustina Arambulo)

Fue cuando su nombre empezó a sonar en el mundo del fútbol femenino uruguayo. Era 2012, tenía 13 años y participaba con el seleccionado Sub17 en el Sudamericano de Bolivia, donde el grupo conseguiría el subcampeonato y el cupo al mundial de la categoría en Azerbaiyán. Agustina era la más joven de todas. Había empezado a los cinco a jugar al fútbol y Chaves tiene memoria de ella desde los 8 años cuando entró a Colón, tetracampeón en el fútbol femenino y semillero de jugadoras. “Venía de jugar en un equipo de varones llamado Los Gorriones”, precisa Chaves.

En Colón, equipo centenario en el fútbol masculino, de bandas verdi-rojas, jugaría de 2011 a 2014 en la primera división femenina, los dos últimos obtendrían el campeonato y además disputaría una Copa Libertadores. Pasaría en 2015 a Nacional y el año pasado a Peñarol, donde volvería a salir campeona. En el torneo actual, su segunda temporada en el cuadro carbonero, marchan de líderes. El popular club además de reeditar el título, quiere hacerse notar en la Libertadores.“Espero estar entre las 20 elegidas”, confía Arambulo.

Pérez, el DT de Peñarol, valora la experiencia que tiene esta jugadora a pesar de su juventud. “Ha estado en muchos torneos internacionales y ha sido capitana y referente cuando la seleccionaron”, precisa. Después de la experiencia mundialista –“algo que no se olvida jamás”, enfatiza– volvió a la selección Sub17 en 2013, y en 2015 integró la Sub20, en ambas como capitana. Y el año pasado volvió a la Libertadores, pero de fúbol sala con el Río Negro City.

En el mundial de Azerbaiyán de 2012: persiguiendo a una torre alemana. (Cortesía AA)

Para su entrenador, es una jugadora ordenada tácticamente, que “entiende el juego a la perfeccion y toma resoluciones correctas”; Ella dice que pone equilibrio en la cancha ; Chaves, que resiente su partida de Colón, la califica de “muy buena jugadora y responsable en todos los sentidos”, y lamenta que su hermana Nicole Arambulo haya dejado el fútbol.“Es la única jugadora femenina que tiene su camiseta en el Museo del Estadio Centenario”, apunta.  Nicole fue la capitana de la selección Sub17 mundialista y pasó también por Colón.

El dilema de continuar en el fútbol femenino –en el caso uruguayo, como la mayoría de las ligas en Sudamérica, es amateur o semiprofesional – no es ajeno tampoco a Agustina Arambulo. Estudiante de primer año de medicina, confiesa que su prioridad actual “son los estudios”. En la etapa del liceo siempre el deporte estaba primero. Ahora la valoración es distinta aún cuando cambió de carrera –de química a medicina– porque los horarios le impedían ir a las prácticas de fútbol.  Y mantiene la ilusión de una salida al extranjero, “si se produjera y pudiera continuar mi formación profesional”.

Además del Ruso Pérez, Agustina admira a su compañera en Peñarol Ximena Velazco con la cual ha jugado en todos los clubes por los que ha pasado: “Ambas somos unos motorcitos”, dice. Aspira a que el fútbol femenino se profesionalice y mientras eso ocurre, se prepara y se distrae. “Toco guitarra, pinto y ando en patines”, cuenta Arambulo, una cajita de sorpresas.

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