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“URUGUAY ESTÁ MUY LEJOS EN FÚTBOL FEMENINO, los clubes no apoyan y la AUF hace lo que puede”

Habla Fabiana Manzolillo, quien ha dirigido las selecciones Sub17, Sub20 y la absoluta. “Algo te está diciendo pasar de sacar 6 puntos en 2014 a uno en 2018”, dice al evaluar la actuación charrúa en la Copa América Femenina.

Javier Conde/@jconde64/@futbolella

Gesticula, se ríe con ganas y con las manos—,  se hace preguntas y las responde, y siempre mira de frente. Es Fabiana Manzolillo en estado puro, con seguridad la entrenadora con más recorrido en el fútbol femenino uruguayo: en 2008 comandó la Sub17, en 2012 la Sub20 y en 2014, en Ecuador, dirigió a esa absoluta que consiguió 6 puntos. “No pasé de ronda por diferencia de goles”, dice.  También compitió en las Libertadores de 2014, en Brasil,  y 2015, en Colombia, con Colón FC. La mitad de sus 47 años ha estado vinculada a una cancha. “Ya las conozco a todas (a las chicas) ”, advierte.

Tras una reciente experiencia fallida al frente de River Plate (el de Montevideo), de la que hablará sin pausa y con énfasis, Manzolillo cumple su carga horaria de educadora social adscrita al INAU (Instituto Nacional del Niño y Adolescente de Uruguay) en el Gimnasio Tacurú, una ONG de los Salesianos, enclavada en una zona de vulnerabilidad social en la avenida de la Instrucciones. El recorrido en bus permite observar otra estampa de la capital uruguaya: basura amontonada, casitas humildes, terrenos baldíos y descuidados.

“Cuando empiezo la carrera de educación social, a trabajar con chicas y chicos y personas adultas con alto riego social, me doy cuenta de que puedo incluir el fútbol”, se arranca Manzolillo. Habla de 2004, cuando presentó su primer equipo sub 18 en una liga en la que competían contra clubes de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), como Rampla, River, Wanderers. “Salimos dos años campeones”, recuerda. Manzolillo fue una jugadora tardía y lo dejó muy rápido para dedicarse al adiestramiento de equipos. “Soy entrenadora diplomada”, declara de partida.

Con Colón: campeón en 2016. (Cortesía Fabiana Manzolillo)

Hace un rápido repaso de sus experiencias y de las del femenino uruguayo. Dice que en la categoría Sub 17 solo hay una clasificación al Mundial y ahora el reciente tercer lugar sudamericano en San Juan, Argentina. “Estamos muy lejos”, dice y añade que “los clubes no apoyan y la AUF hace lo que puede”. Cuando habla de clubes se refiere a los masculinos que prefieren poner su plata donde se obtengan dividendos. “Venden un jugador y ya compensan su inversión”, apunta. En el femenino es un proceso largo y sin retorno a la vista.

De la selección absoluta destaca que nunca hubo un plan tan largo de preparación como con “el señor (Ariel) Longo”, que, además, dirige las tres categorías: la de mayores, la sub20 y la Sub17. “Eso nunca pasó”, desliza Manzolillo, y recuerda que a ella le daban las selecciones cuando mucho dos meses antes del torneo. “Si no clasificabas tu función quedaba cesante”, cuenta.

En una primera evaluación de la actuación de la selección charrúa en la Copa América que aún se disputa (Uruguay obtuvo un punto de 9) comenta que quizás otros países han avanzado más. Luego, en una segunda vuelta al tema, cree que “algo está diciendo pasar de 6 puntos (en 2014, con ella al mando) a un punto (en este 2018)”. Manzolillo introduce la duda y de inmediato asoma una explicación: “Estamos haciendo un proceso de renovación y se le está dando más importancia a las categorías inferiores”. Y luego se repite, ante una pregunta, “no está mal, no está mal” como si adviertiera un futuro prometedor.

Esta experimentada entrenadora destaca, para justificar esas esperanzas, la estructura de base del fútbol menor uruguayo, reunido en la Organización Nacional de Fútbol Infantil (ONFI), donde compiten miles de niñas. “Desde los 8 años empiezan con competencias nacionales exclusivas de chicas, hay que dar tiempo, esto no es magia”, comenta, comprensiva.

Sin conexión

Fabiana Manzolillo dirige ahora en Futsal, algo que le desagrada pero no tuvo más remedio: luego de su salida de River Plate dirigía un equipo de fútbol campo en otra liga, pero tras una temporada la mayoría de las chicas optaron por dar el salto al torneo de la AUF. “Me quedé con 10 jugadoras”, dice, riendo y lamentándose. Su historia en River aún la procesa, o esa es la impresión: dejó el club luego del Apertura del año pasado pese a haberlo colocado tercero, por detrás de Peñarol y Nacional y por encima del tetracampeón Colón FC.

“No tuve conexión con las jugadoras, tenía muchas y todas querían jugar”, explica. Dice que River se portó “espectacular” con ella, que le dio todo lo que pidió (o casi todo); dice que buscó una nutricionista para hacer el control de IMC (Índice de Masa Corporal); dice que un mes después “estabamos iguales”, y repite “estábamos iguales”; dice que recurrió a un sicólogo aunque admite que tardíamente. Al final lo dejó: “primero estoy yo y si siento que no estoy siendo productiva, lo dejo…y perdí dinero”. Manzolillo se quedó sin trabajo.

“El fútbol femenino no va a mejorar si todas las que estamos adentro no mejoramos;  quieren que venga alguien, que las vea y las venda al exterior, pero para que eso pase primero hay que mostrar”, inicia la descarga. Dice que en River su objetivo primero era profesionalizar el fútbol femenino, “pero eso era sin dinero”, enfatiza. Pero, sigue la crítica, “no hay conciencia, no quieren cambiar” y apunta que se les insistió a las jugadoras que tenían que cuidarse, que entrenar cuando tenían que entrenar, alimentarse bien, ser deportistas los 365 días del año, no tener vicios.  “Una jugadora de selección se cuida dos meses y ya…”, dispara.

Para Manzolillo se está también muy lejos de la profesionalización. Las chicas trabajan o estudian, o ambas cosas a la vez, salen de la casa a las 8 de la mañana, llegan al entrenamiento al final de la tarde, cansadas, quizás sin alimentarse bien. Y encima, añade al resumen, no se cuenta con canchas de fútbol 11 que tengan iluminación. En River practicaban en uno de fútbol 7 que sí tenía luz. “Las dimensiones son muy distintas”, dice, con cierto desconsuelo.

Las 4 patas

“Todas laburamos, todas somos solidarias”: es parte fundamental del mensaje de Fabiana Manzolillo a sus jugadoras. (Cortesía Fabiana Manzolillo)

Entrenadora con licencia pro, que le permitiría incluso entrenar equipos masculinos, Manzolillo dice que ha recibido ofertas para volver a la liga femenina de la AUF pero no le resultaron satisfactorias. No parece tener prisa, confiesa que su ilusión en la vida es cambiar el fútbol femenino y ese empeño lo mantiene vivo. “En Sudamérica se está avanzando, hay muchas jugadoras en Europa, chilenas, unas cuantas uruguayas, la mitad del equipo de Argentina…de Brasil ni hables, está despegado, pero el mundial es otra cosa”, analiza a velocidad de lateral de subi y baja, la posición que terminó jugando.

Manzolillo cuando arma equipos pone el énfasis en lo físico, lo táctico, lo técnico y lo sicológico: “hay que preparar la mente para la competencia, para procesar las frustraciones, para la cohesión grupal”. Esas son las 4 patas de su fútbol. Le gusta el sistema 4-4-2, con las dos puntas como primera línea de contención cuando el rival tiene la pelota, que todas estén conectadas en lo defensivo y luego hacer la transición rápida al ataque. “Todas laburamos, todas somos solidarias”, resume esta adiestradora de largo recorrido que tuvo como compañero de curso al ex jugador Pablo Bengoechea: “Hombres y mujeres seguimos los mismos estudios, luego cada quien se especializa en lo suyo”.

Las chicas van llegando a Tacurú: Manzolillo se prepara para otra jornada de entrenamiento ¿En que sueña?, es la pregunta de despedida. “En dirigir en un Mundial”, y echa una risotada.

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