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ÉXODO DEPORTIVO Más de 80 venezolanas juegan en el exterior

La segunda edición de la Superliga profesional reúne a 17 equipos –al final se bajó Deportivo Anzoátegui– que luchan entre ellos y contra una dura situación económica.

Luis Vásquez es un optimista del fútbol. Pero con los pies en la tierra. “Nuestra liga, dice, carece del nivel competitivo de otras de la región”. No esconde la realidad económica de su país, tampoco que las más talentosas jugadoras hacen vida en otros torneos del continente y de Europa: más de 8 decenas desperdigadas por el mundo, la mitad larga de ellas en la vecina Colombia y su atractiva Liga. Vásquez preside la Comisión Nacional de Fútbol Femenino.

En Venezuela coexisten dos ligas: la profesional con 17 clubes, tres más que en la primera edición, y la Liga Nacional de Fútbol Femenino que congrega por zonas geográficas a una treintena de clubes. Vásquez explica que en la primera los clubes están obligados a pagar a las jugadoras  cuando menos el salario mínimo – equivalente a poco más de 6 dólares en la devaludada economía venezolana. Con lo que se compra un kilo de carne y otro de café: precios que tienen una vigencia de 24 horas…

En la amateur, los clubes tratan de desarrollar algunos convenios con sus jugadoras que, en algunos casos, incluyen becas de estudios.

  • Ninguno de nuestros equipos podrá competir con otros del exterior con esas diferencias cambiarias tan grandes

Vásquez menciona que el Deportivo Táchira –entrenado por el panameño Kenneth Zseremeta, la gran figura en la proyección internacional del fútbol femenino venezolano– hizo las mejores contrataciones para el torneo apertura que comenzó hace unas semanas. “Están pagando hasta 12 millones por jugadora, van a disputar el título”, comenta Vásquez que, de inmediato calcula: 12 millones es lo mismo que 50 dólares.

Esa proyección de las selecciones vinotinto, que ha mostrado una generación tras otra de jugadoras de alto valor, junto con los padecimientos económicos diarios,  está en el fondo del éxodo de la chicas: a la vecina Colombia y a Brasil, a Estados Unidos, al Chile austral y a Uruguay, pero también a España, Francia, Austria.

En Colombia les pagan entre 600 y 1000 dólares, y hay jugadoras en España devengando sobre los 2000 euros, confía Vásquez.

El dirigente del fútbol femenino considera que esas muchachas, la mayoría menores de 30 años, contribuyen con sus familias y, de forma indirecta, con la economía venezolana con sus remesas.

Para los clubes y jugadoras que mantienen vivos los torneos venezolanos, la realidad asfixia y hará, según Vásquez, que en los próximos solo los equipos profesionales puedan competir, salvo que mejore el ambiente económico. Y pone un ejemplo: “Estudiantes de Guárico que compitió en la Libertadores del año pasado y ya se ganó el cupo para la de este año, hace malabares para estar en la liga profesional, igual Flor de Patria, de Trujillo, en Los Andes, que tiene el apoyo de una empresa productora de café”, precisa.

Pero los equipos profesionales aún no están obligados a tener su rama femenina. La Federación Venezolana de Fútbol solo se lo exigió a los que compiten en los torneos internacionales. Vásquez quiere que la liga amateur se convierta en una segunda división de la profesional, con sistema de ascenso y descenso. Pero hay la misma traba: “los equipos lo van a pensar antes de querer subir”.

 

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